Chimpancés de Kibale

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Uganda, 2018

A pesar que los gorilas son los principales simios de Uganda y por lo que la mayoría de la gente viaja a este país, la experiencia con los chimpancés fue muy interesante.

Estos monos, técnicamente primates homínidos, comparten el 98,7% de su genoma con el hombre, de quién se separaron evolutivamente hace 6 millones de años.  No son sólo herbívoros, sino que a veces cazan otros monos o incluso a chimpancés de otras familias. La caza la hacen en forma coordinada, en la cual algunos persiguen otros le cortan la retirada y por último uno atrapa a la víctima. Demuestran tener inteligencia que se evidencia no sólo por la forma de cazar sino los estudios han comprobado que tienen algunas habilidades similares a la de los humanos, por ejemplo el uso de herramientas.

Nos alojamos en el Crater Safari Lodge ubicado en un sitio muy bonito en el filo del cráter de lo que fue un día un volcán y ahora está cubierto por un lago. Está cerca de Fort Portal y es un lodge de lujo con una vista excepcional y aceptable comida.

El Crater Safari Lodge de Fort Portal

Por la tarde teníamos nuestro turno para visitar a los chimpancés, y llegamos puntualmente al centro de interpretación en el Parque Nacional de Kibale. Aquí las reglas son bastante estrictas. Debimos esperar nuestro turno, luego nos hicieron un briefing que parecería es el deporte nacional de Uganda, porque a cada lugar adonde uno llega: hotel, restaurante, parque nacional, santuario, etc; siempre hay alguien que se ocupa de dar un briefing obligatorio.

Nos atendió una robusta guardia con la habitual Kalashnikov, pero más allá del arma que portaba era extremadamente sonriente y amigable. Nos acompañó junto con un guía que nos explicó algunas cosas muy elementales, por suerte Miryam nuestra guía española estaba presente para informarnos con mucha más profundidadIMG_20180906_140519

Hay muchas familias de chimpancés en este parque, casi siempre se las encuentran, aunque hay cierta incertidumbre y no está garantizado el encuentro, sería una lástima llegar hasta aquí y no verlos.

En un cierto punto nos dejaron las camionetas y seguimos caminando hasta un árbol inmenso, denominado fig tree, que es un tipo de ficus, de la misma familia de la higuera, pero diferente al que nosotros conocemos.

Sobre el  árbol encontramos una familia de 20 o 30 integrantes, que se movían velozmente de rama en rama, por lo cual era muy difícil sacarle buenas fotos por la gran altura, el abundante follaje y el movimiento.

Por otro lado estábamos muy atentos, ya que del árbol caían con fuerza muchos frutos de 4 o 5 cm de diámetros que parecían bombas, si le hubieran pegado a alguien en la cabeza o la cara, seguro que habría salido lastimado. En principio creíamos que los chimpancés los tiraban a propósito ya que son famosas las historias, verídicas o no, que monos arrojan sus excrementos con las manos hacia los eventuales visitantes. Sin embargo el guía nos dijo que los frutos caían porque estaban muy maduros y que al agarrar algunos para comer, los otros cercanos caían al piso. No sé si será cierta esta versión.

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Además los chimpancés orinaban y caía una lluvia desde arriba del ficus, Yo me salvé pero  algunos se mojaron con este desagradable líquido.

En las familias hay un macho dominante que en teoría es el único que copula con las hembras,  sin embargo, vimos a un macho joven arriba del árbol que estaba copulando, por lo cual alguna transgresión existe también en esta especie.

A pesar de que nos hicieron grandes recomendaciones por las “hormigas soldado”, aconsejando mirar muy bien donde pisamos, de ponerse las medias por fuera del pantalón para evitar que se metieran dentro de la ropa, etc. Lamentablemente todas estas precauciones son muy relativas porque cuando aparecen los chimpancés la totalidad de nuestra atención se refiere a ellos, y entonces algunas hormigas me picaron o mejor dicho me mordieron porque no dejan la roncha rojiza típica de ellas y con la velocidad de un rayo subieron por la ropa y tuve alguna mordedura en los brazos.

Algunos fueron menos afortunados y las hormigas se metieron por adentro de su ropa, por lo cual tuvieron que sacarse los pantalones en el medio del bosque para poder matarlas.

De repente apareció el macho alfa con otro macho que se sentaron casi al lado nuestro, a unos 3 metros mientras que la distancia reglamentaria para aproximarnos era de 8 metros, pero nosotros estábamos allí y ellos vinieron cerca de nuestro lugar, así que nos quedamos.

El otro macho comenzó a despiojarlo, con una minuciosidad asombrosa en cada parte del cuerpo sin hacer caso de nosotros que estábamos al lado obviamente en silencio, sólo tomando fotos. Como los chimpancés estaban muy tranquilos con su tarea nos quedamos un rato muy largo viendo como seguía la actividad del despioje de distintas partes del cuerpo

Luego seguimos caminado en otro sector del bosque, siguiendo a otros chimpancés desde atrás, pero nunca los tuvimos cerca para estar con ellos como con la familia anterior.

El bosque era bastante denso, en el camino vimos a otros monos muy bonitos y nos detuvimos unos minutos a sacarles fotos.

Cuando caminamos atrás de los chimpancés el guía nos grita “Cuidado!!! Cuidado!!! Correrse!!!. No entendíamos que pasaba, hasta que vimos, cuando ya estaba bastante cerca, una enorme elefanta que venía a toda velocidad.  Por suerte ella tomó un rumbo lateral y pasó a unos 20 metros de nosotros. Yo he escuchado y leído comentarios que muchos pobladores locales mueren en África embestidos por hipopótamos o elefantes, y siempre pensé que sería por imprudencia de ponerse en su camino, pero me di cuenta que los dueños del bosque son los animales y circulan a su saber y entender, mientras que nosotros somos intrusos y si nos ponemos en su camino, aun sin estar enojados, podemos ser víctimas de que nos arrollen, como podría pasarle a un miembro de una comunidad primitiva al cruzar desaprensivamente una avenida con mucho tráfico. No hubo tiempo ni siquiera para asustarnos, pero recibimos un aprendizaje.

Lo de los chimpancés fue una linda experiencia, a diferencia de los gorilas que siempre se los ve, son a veces más difíciles de encontrar y menos aún la posibilidad de tenerlos a un par de metros nuestro, muy tranquilos para poder observarlos como pudimos hacerlo.

Otra visita interesante en esta zona fue al mercado de un pequeño pueblo donde hombres y mujeres traían del campo su producción agrícola para vender localmente o hacer trueque, con excepción de las bananas (plátanos) que se comercializaban en gran cantidad y se enviaban en camiones a Kampala. También hay un sector donde se vende ropa y zapatos, principalmente usados.

En el mercado se vende todo tipo de alimentos frescos, secos y hasta sal extraída localmente

Sin embargo la experiencia en esta pequeña localidad nos permitió acercarnos más a la gente común, la que no está vinculada con el turismo y observar la verdadera vida rural de África, como se puede apreciar en las siguientes fotos.

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