Himbas, Hereros y Bosquimanos, visita a los pueblos primitivos de Namibia.

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Namibia, 2016

Mucha gente va a África a ver animales salvajes en su medio natural, lo cual es muy interesante. Sin embargo la visita a las comunidades primitivas, es un aprendizaje mucho mayor, ya que nos permite entender la diversidad en el mundo. Son seres humanos iguales a nosotros, pero viven en condiciones en las que lo hacían nuestros antepasados directos 200 generaciones antes que nosotros.

La visita a la aldea de los Himbas fue una de las más interesantes. Es una etnia que vive casi como en el neolítico y no fue como otras visitas que se realizan a los pueblos indígenas que están diseñadas para el turismo. Los vimos en su modo natural de vida. En total se estima que hay unos 100.000 himbas distribuidos en Namibia, Angola y Botswana.

La aldea es una familia agrandada, hay un jefe con varias mujeres, que va cambiando a lo largo del tiempo, siempre con una esposa más joven, por lo cual la mujer actual era la más joven de todas.

Viven en un lugar muy alejado, en un territorio muy desértico, razón por la cual no pueden hacer agricultura, sino que su actividad productiva se reduce a la cría de ganado, tanto vacas como cabras. El corral es el centro ceremonial de la aldea y no está permitido atravesar una línea imaginaria que nace en el centro del mismo.

El ganado y el corral para su protección son el eje de la economía de la comunidad

Tienen una estructura social particular, son polígamos, pero no solo los hombres porque está admitido que la mujer que puede tener relaciones con varios hombres, pero se admiten estas relaciones siempre que el jefe no se encuentre en la aldea. En ese caso ella puede ir con cualquier otro de una aldea vecina.

Las mujeres están casi desnudas, sin nada en la parte superior, sólo muchos collares y brazaletes que confeccionan ellas mismas. Tienen una pequeña pollera de cuero de cabra en la parte de abajo. Los collares son principalmente metálicos o de cuero, pero algunos tienen caracoles marinos, lo cual indica que hay un cierto intercambio o compra de productos externos, dado que el mar no está muy cerca de allí.

Generalmente son pequeñas y muy delgadas y tienen los pechos bien erectos cuando son adolescentes y luego totalmente caídos a medida que tienen hijos.

Usan un tocado muy particular porque se hacen trenzas y se embadurnan el pelo con una mezcla de arcillas de color rojo, y también se pasan un ungüento en algunas partes de su cuerpo. Quedan muy bien con este particular maquillaje y las jóvenes son muy atractivas.

Preparando la arcilla para el tocado y luciendo las elegantes cabelleras

En la aldea que visitamos, habría unas 10 o 15 mujeres, con muchos chicos y ese día no había ningún hombre porque el jefe de la comunidad no estaba. Como son pastores seminómades, muchas veces van con sus animales en busca de buenos pastos y se alejan de la aldea varios días.

Cada una de las mujeres tiene su choza y la curiosidad me llevó a mirar adentro de una de ellas. No había nada, tal vez sólo una manta. Hay diferentes tipos de chozas, todas son muy pequeñas, algunas construidas sólo con palos y con una piel en el techo para evitar el agua de las escasas lluvias. Otras tienen los mismos palos que forman las paredes y luego adobe en la parte superior. Había una que era el almacén comunitario, totalmente cubierto de adobe, seguramente para evitar que los animales del bosque les consuman o le arruinen la comida.

Distintos tipos de chozas en la aldea

Estuvimos en la choza del jefe con su esposa, una chica que era una belleza a tal punto que podría ser  modelo para cualquier casa de alta moda, con unos ojos y una mirada intensa que impresionaba. Nunca me hubiera podido imaginar encontrar una mujer así en ese lugar.

Ella  nos mostró algunas cosas de la tienda, como preparan algunas artesanías y la ropa. Esta chica, cuya edad podría ser de 16 o 18 años, ella era de una belleza particular, pero todas las mujeres jóvenes son bastante bonitas, luego a medida que pasa el tiempo, por la dureza del trabajo y las condiciones de vida se les nota mucho el paso de los años, aunque la edad resulta indefinida.

La esposa del jefe

Los chicos son, como la mayoría de los niños del mundo, son muy lindos y jugaban afuera de las chozas en grupos o con sus hermanitos, sonreían permanentemente y les encantaba que les tomáramos fotografías y luego verlas en el display de la cámara. Los más grandes, casi adolescentes nos miraban con cara más seria, pero aceptaban sin problemas las fotos.

Niños y adolescentes de la aldea

Poco antes de irnos, vimos dos chicas himba que venían caminando, vaya a saber desde qué lugar porque allí todas las distancias son enormes. Llevaban unas bolsas en la cabeza con una prestancia, soltura y elegancia, como si fueran modelos en la pasarela.

Caminando en el desierto

Nosotros llevamos una gran cantidad de alimentos para la comunidad, varias cajas y bolsas de harina y fideos. Es una costumbre en estas visitas, es como pagar una entrada para poderlos visitar, sacarle fotos con toda libertad y estar con ellos un par de horas. También al término de la visita les compramos algunas artesanías, que no eran demasiado bonitas, pero era una forma de colaborar un poco más y de llevarnos un recuerdo de un lugar muy particular.

A mi juicio el turismo les permite tener un ingreso o una cantidad de alimentos. Lo que  nosotros dejamos debe alcanzarle para varias semanas y posibilita entonces que puedan seguir haciendo esa vida que es la que les atrae por darle libertad, complementando el ingreso que deben recibir por la venta de los animales.

En el pueblo de Opuwo, que es el centro poblado más próximo, vimos a un hombre himba, que estaba vestido con una campera y una particular pollera plisada azul y una tela estampada por detrás. El bastón que llevaba era un símbolo de autoridad. Apenas pudimos hacerle una foto a escondidas para guardar el recuerdo de su vestimenta.

Allí también vimos a las mujeres himbas que se paseaban con la misma indumentaria que en la aldea, es decir casi desnudas y de esa manera entran al supermercado para hacer algunas compras y también las he visto en el cajero automático. Es decir que dentro de su vida primitiva toman algunos elementos de la modernidad, aunque no vimos teléfonos celulares, ni en la aldea ni en el pueblo.

Hombre himba y las mujeres saliendo del supermercado o paseando por el pueblo

Las dos horas que estuvimos con los himbas, ha sido un tiempo suficiente para recorrer la aldea, pero tal vez insuficiente para comprender cabalmente lo que significa vivir como en el neolítico en pleno siglo XXI y hasta donde estas comunidades pueden seguir viviendo en estas condiciones y si es justo que queden marginados del progreso.

Los himbas conviven en la misma región con los Hereros, que son absolutamente diferentes, a pesar que se mención un origen común, Es fácil distinguir a las mujeres de esta etnia porque van vestidas con ropa muy lujosa y muy particular, coloridas, con sombreros de tela que asemejan los cuernos de una vaca. Son de gran estatura, corpulentas pero no gordas, cuando se las ve en la calle parece que van a una fiesta.

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La vestimenta de las mujeres hereros es muy llamativa

A pesar de esta vestimenta  dicen que son igual de primitivas que los himbas, aunque yo pienso que no puede ser así. Vivían igual que sus vecinos, prácticamente desnudas, pero aparentemente por influencias de pastores o religiosos, ofendidos por la desnudez, las convencieron de vestirse, por lo cual ahora están totalmente cubiertas. El corte del vestido es propio del siglo XIX, no usan telas tan estridentes como las mujeres de Senegal, sino muy que son muy discretas y distinguidas y da la impresión que se pasean orgullosas por las calles.

Mujeres hereros

Luego leí que a principio del siglo XX hubo una masacre ejecutada por el gobierno colonial alemán que eliminó entre el 50 y el 70% de la población de los hereros, que hoy asciende a unas 100.000 personas distribuidas también en varios países. El guía nos dijo que aún hoy los hereros son gente un poco belicosa y hay que tener cuidado al dirigirse a ellos.

Cuando fuimos a Opuwo, Las hereros entraban al supermercado o al cajero automático o esperaban el bus con esos vestidos lujosos. Una anécdota que se repite muchas veces, en este pueblo perdido en el mapa, había un muchacho con un colorido gorro y con la camiseta de la selección argentina. Sería Messi o Maradona?

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El Messi de Opuwo

Otra de las visitas que hicimos durante ese viaje fue a una comunidad de bosquimanos, donde la experiencia fue absolutamente diferente. A pesar de que había tres hombres que nos recibieron con la vestimenta tradicional lo que quiere decir, sin casi nada de ropa, prácticamente desnudos, sólo con un taparrabo. Nos mostraron algunas habilidades, por ejemplo hacer fuego con un palito, como hacen las trampas para cazar pájaros, etc.

Los bosquimanos que nos recibieron y mostraron algunas de sus habilidades

Estos hombres tenían una particularidad, que siendo absolutamente flacos, poseen unos glúteos enormes. Yo creo que es una  adaptación evolutiva que le permite acumular grasa en los glúteos (como ocurre con las cabras de Asia Central) lo que les posibilita sobrevivir en épocas de escasez de alimentos. Igual también que los dromedarios que acumulan grasa en las jorobas.

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Glúteos de los bosquimanos

Luego nos guiaron hasta la aldea, que era bastante grande con mucha gente, tal vez 150 o 200 personas, que aunque hicieron una danza tradicional para nosotros, todos estaban vestidos al estilo occidental, y su principal interés era vendernos algunas artesanías, que tampoco eran bonitas. La realidad es que estábamos con los bosquimanos, pero el panorama era similar si estuviéramos en cualquier aldea pequeña de Paraguay o de otro país de Latinoamérica en lugar de África.

Algunos integrantes de la aldea que visitamos

Las viviendas eran chozas de mayor tamaño de forma semicircular donde probablemente vivía más de una familia. El punto más lindo de la visita fue la puesta del sol, que como muchas en este continente fue maravillosa.

Choza de los bosquimanos y la maravillosa puesta del sol

Toda la fantasía maravillosa que tenemos de los bosquimanos y las expectativas que tuvimos cuando visitamos el desierto de Kalahari, hizo que sufriéramos una cierta decepción, ya que están totalmente transculturizados, claro que eso no es necesariamente malo para ellos, sino posiblemente beneficioso porque pueden vivir más al estilo occidental y acceder a algunas comodidades de la vida actual.

En otro viaje, en Etiopía visitamos otros pueblos muy primitivos, pero esa será otra historia.

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