Caminata dentro del Cerro Rico

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Potosí, Bolivia, 2013

Todavía, 400 años después, en España se repite la frase del Quijote “Vale un Potosí” para hacer referencia a algo excesivamente caro. En efecto, en 1546 Carlos V le otorgó a Potosí el rango de Villa Imperial enunciando la siguiente frase: “Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro, el rey de todos los montes y la envidia de todos los Reyes”

El cerro Rico de Potosí le dio a España una inmensa riqueza que le permitió mantener el “Imperio donde nunca se pone el sol” durante varios siglos y  también brindó prosperidad a la ciudad, que un siglo después de su descubrimiento, en 1650 era la ciudad más grande y rica del mundo, con mayor número de habitantes que Roma, París o Londres.

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El magnífico Cerro Rico

La visita a Potosí, fue parte del viaje terrestre de Nueva York a Buenos Aires, el más largo que realicé en un solo recorrido. Me fascinó la posibilidad de adentrarme en el Cerro Rico y hacer una caminata por sus entrañas, viendo como aún hoy los mineros explotan las vetas, que ya tienen poca plata, pero sí hay zinc o estaño. El sistema organizativo es el de pequeñas empresas autogestionadas o cooperativas y cada trabajador percibe el producto de su trabajo y de la suerte que tuvo al encontrar o no una veta de plata. Unos pocos se hacen ricos y la mayoría apenas sobrevive con este extenuante trabajo. Les contaré mis impresiones de lo que vi.

Potosí tiene unos cuantos lugares muy interesantes para visitar y poder adentrarse en su historia secular. La Casa de la Moneda, posiblemente es el punto más importante, fue mandado a construir en 1758 y se lo llamó el Escorial de América. Tiene un museo con muchos temas distintos, la extracción de la plata, pinturas coloniales, numismática, etc. Otros puntos de interés son la Catedral y el Convento de Santa Teresa, todos ellos del período colonial.

Sin embargo el atractivo de visitar la mina era demasiado grande como para hacer caso a todas las recomendaciones y advertencias acerca de los riesgos y las incomodidades de la recorrida. Estuve buscando agencias para hacerlo, conversando con los vendedores o revendedores (uno nunca sabe bien) y la Lonely Planet. Al final me incliné por una empresa llamada Big Deals Tours, principalmente porque pertenecía a ex mineros reconvertidos hacia el turismo comunitario, que nos brindó un excelente servicio.

Fue una buena decisión, la caminata estuvo perfecta, obviamente muy dura por las condiciones de la mina. Caminamos unos 3500 metros y ascendimos 300 metros todo ello por dentro del cerro, que vale la pena señalar está a 4200 metros sobre el nivel del mar. Algunos de los pasillos de la mina son cómodos, permiten incluso el paso de vagonetas con el material que se extrae, pero otros cavados en la época colonial, son muy estrechos y apenas se puede caminar, aun estando totalmente encorvados.

En el grupo éramos 5 personas, todos de poco más de 20 años y yo. Cada vez me acostumbro más que cuando hago estas actividades de turismo de aventura, mis compañeros tienen 30 o 40 años menos que yo!!!

Primero fuimos al mercado de los mineros, para comprar algunas cosas para regalar a los mineros que visitaríamos en la mina, la elección obvia fue leche, cigarrillos y coca. Dejamos de lado, por prudencia la compra de cartuchos de dinamita (muy barata)  y de bebidas alcohólicas, que seguramente serían muy bien recibidas por los trabajadores, pero no nos pareció oportuno. Venden un aguardiente con más de 90 º alcohólicos.

El guía nos explica que en la mina hay miles de trabajadores, agrupados por pequeñas empresas y hay diferentes niveles, unos son los “dueños” de la veta, otros son trabajadores asalariados, pero luego de un número de años se les asigna una veta para explotar por su cuenta.

Luego de este aprovisionamiento fuimos a visitar un ingenio, que es el lugar donde se procesa el mineral para extraer los metales valiosos. La sensación que tuvimos es que más allá de la energía eléctrica que alimentaba los motores, el sistema sería muy similar al del siglo XVI. Las maquinarias parecían pertenecer al inicio de la Revolución Industrial, como se puede ver en las fotografías.

Las máquinas son muy antiguas y está todo impregnado de polvillo. Las emanaciones de los productos químicos que se usan para la extracción obligan a usar un pañuelo

El proceso de molienda del mineral y la extracción de los metales se desarrolla en bateas barrosas en las que se mezcla el mineral molido con agua y reactivos químicos y se pasa por distintas etapas de decantación y separación. Sin ser un experto en el tema, parece bastante rudimentario.

Luego del ingenio, vimos en primer plano el imponente cerro Rico con su forma perfectamente cónica. Sabiendo la cantidad de mineral que se extrajo en casi cinco siglos de explotación, me imagino que por dentro será como un queso Gruyere.

Luego nos acercamos al borde de mina, en un playón donde un grupo de mineros trabaja febrilmente con las bolsas de mineral extraídas del interior de la montaña.

El mineral recién extraído para ser llevado a los ingenios

Ya con nuestros equipos de seguridad, que consisten con un traje impermeable, casco, lámparas, pañuelo y botas de goma, estamos más disfrazados de mineros, que los propios mineros. El guía, que es un ex minero nos explica brevemente algunas normas de seguridad y nos advierte que vamos a tener que hacer un gran esfuerzo y que debemos tener mucho cuidado tanto en los túneles estrechos como con el movimiento de los mineros que llevan los materiales, con los cables de electricidad y las zonas con agua.

Nos sacamos una foto de todo el grupo y nos internamos en un túnel lo suficientemente grande como para que dos mineros puedan arrastrar manualmente hacia el interior de la mina una vagoneta en busca de bolsas de mineral. A medida que avanzamos, nos damos cuenta que estamos en una ciudad subterránea y que las precauciones que nos explicó el guía tenemos que tomarlas muy en serio. Hay un laberinto de túneles, algunos sólo excavados en la roca, otros con una estructura de troncos de madera en el techo para prevenir desmoronamientos. Ciertos maderos lucen alarmantemente rajados o con quebraduras, pero igualmente resisten y parece que su estado precario poco les importa a los mineros.

Del túnel inicial vamos a otro muy estrecho, luego una escalera que nos adentra aún más en la profundidad de la mina y seguimos caminando, sin saber hacia dónde, pero confiando ciegamente en nuestro guía, lo cual es inevitable. Nos cruzamos muchas veces con mineros que llevan algunas bolsas de rocas con el mineral hacia el exterior, con el cuerpo doblado por el peso.

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Hacia las profundidades

El aire cada vez se hace más denso, más caliente y con un olor indescifrable. De tanto en tanto se escucha alguna explosión lejana.

La realidad es que cuando uno está adentro, tiene la sensación que en cualquier momento puede ocurrir una catástrofe: un explosión hecha muy cerca por un grupo de minero que no sepa de nuestra presencia, o un derrumbe en las desvencijadas galerías, un enrarecimiento súbito del aire o electrocutarse con los cables que con dudosa aislación corren por el piso y las paredes húmedas. Nada de eso sucedió, el guía nos daba tranquilidad explicando que no había que alarmarse. No tuve sensación de claustrofobia y en ningún momento sentí que estábamos haciendo algo demasiado peligroso, aunque sí era consciente de los riesgos que los mineros y también nosotros corremos en el interior de la mina.

Hacemos un alto en el Tío, una figura legendaria, el Rey del Cerro, que es el propietario de todas las riquezas que almacena en su interior. Los mineros le rinden tributo de cigarrillos y hojas de coca para lograr su bendición y tener suerte con las vetas que explotan y también para no tener accidentes. La figura del Tío imprime miedo, está desnudo, solo calzado con botas de goma verdaderas, tiene un rostro mefistofélico, incluso con cuernos, muchas cintas o collares y un enorme pene erecto. A su lado descansa un  minero bebiendo de una botella que podría ser de leche.

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El Tío

Luego de detenernos para sacar algunas fotos al Tío, seguimos por los túneles hasta llegar a un grupo de mineros que estaban trabajando y a los que íbamos a ver para que nos explicaran la forma de sacar el mineral. Luego de darles los presentes que habíamos comprado para ellos, vimos que trabajan igual que hace 400 años. Con un martillo y un cortafierro pican los sectores de la veta que tienen mayor contenido de metales, los que ponen en bolsas de arpilleras y luego otros compañeros los sacan al exterior, cargando la bolsa al hombro y luego en carretillas o vagonetas cuando el tamaño del túnel lo permite. Es un trabajo extenuante, las vagonetas llevan centenares de kilogramos y tienen que ser empujadas a mano, aún con los desniveles que tiene la mina. Muchas veces son 3 hombres las que las mueven, dos empujan de atrás y el otro tira de adelante con una cuerda como lo haría un animal de trabajo.

El duro trabajo del acarreo

Estuvimos bastante tiempo con ellos, nos explicaron como distinguen las mejores vetas, hicieron algunas bromas, pero siempre sin dejar de picar la roca, porque su sustento depende de la cantidad de mineral que saquen y del rendimiento del mismo.

Los que extraen el mineral, en virtud de su experiencia seleccionan las vetas con mayores contenidos de metales

Desde allí emprendimos el regreso por más túneles. Mis compañeros a pesar de su juventud estaban más fatigados que yo y con más ganas de salir a la superficie. Cuando empezamos a ver un poco más de luz, nos dimos cuenta que ya estábamos próximos a salir al exterior, lo que quedó evidenciado también por la menor temperatura y un aire menos denso y sofocante como el del interior profundo adonde habíamos estado.

La salida al exterior la festejamos sacando una nueva foto del grupo, la que está al inicio de esta nota, todos muy sonrientes con la satisfacción de haber hecho esta experiencia y haber salido para contarla. Los mineros sin hacer caso de nosotros seguían con la rutina de cargar las bolsas de mineral y mientras para nosotros había terminado el recorrido por la mina, ellos volverán cada día de su vida a esos oscuros túneles, mientras tengan salud para hacerlo. Muy pocos no regresarán porque han sido afortunados al encontrar una veta que los ha hecho ricos, pero serán la excepción.

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