El mercado de tiburones de Hodeida

DSCN1100

Yemen, 2011

Cuando visité Al Hudaydah (Hodaida en español), no me imaginé que esta tranquila ciudad de provincia en unos años sería el foco de la atención internacional por el conflicto armado que se desarrolla en Yemen. La situación actual (https://www.politicaexterior.com/actualidad/la-batalla-hodeida-evitable-ahora-inminente/) es sumamente complicada porque los rebeldes huzíes (hutíes) se han hecho fuerte la ciudad y la coalición encabezada por los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita apoyados por EEUU, están dispuestos a tomarla a sangre y fuego. A  ambos bandos les importa muy poco la población local de 600.000 habitantes que queda cautiva en el conflicto, por lo cual las Naciones Unidas han tomado cartas en el asunto a los efectos de proteger a los civiles, pero con la misma poca eficacia habitual, no han logrado casi nada.

A pesar de ser un lugar poco frecuentado por los turistas, su mercado de tiburones, el único atractivo de la ciudad, me pareció algo maravilloso y que sólo su visita sólo justifica el viaje.

Yemen es un país que tuvo Incontables guerras civiles durante el siglo XX, incluyendo la escisión entre Yemen del Norte y del Sur. Ha sido un estado permanentemente en conflicto, por lo cual la decisión de ir, respondiendo a los comentarios muy favorables de Eduardo, un amigo chileno que conocimos en Buthan, que nos dijo que era un país maravilloso y la relativa seguridad existente en el 2010, hizo que lo incorporáramos a nuestro viaje por varios países de la región.

La lectura de nuestra Guía Azul nos había advertido de algunas características del pueblo yemení, donde la lealtad hacia el clan es lo más importante que debe respetar cada uno de los hombres. Dicen que cuando un clan está en un conflicto armado, no sólo los integrantes locales acuden en su ayuda, sino también los que viven en el extranjero no tienen ninguna duda en retornar al país para tomar las armas en defensa de su estructura social. Esto explica la razón de los numerosos conflictos armados entre distintas fracciones, que no sólo están orientadas por razones políticas, sino también por litigios ancestrales y ambición por el control del territorio.

Además de la jambija, una daga curva de gran dimensión que casi todos los hombres llevan orgullosos con un cinturón bordado con hilos dorados, es muy común que algunos tengan una pistola en el cinto. Se estima que hay 60 millones de armas de fuego en Yemen para una población de 27 millones de habitantes.

Una prueba de ello es que hasta hace poco existía un mercado de armas donde se podían comprar todo tipo de armamentos, no solo armas de puño o las tradicionales Kalashnikov, sino hasta lanzamisiles, granadas, etc. Este mercado fue prohibido hace unos años, pero dicen que sigue funcionando de forma subrepticia.

Los retenes son muy habituales en todo el territorio, a veces espaciados a sólo 5 o 10 km uno del otro. Llamaba la atención que nuestro guía hacía 20 o 30 fotocopias diarias de nuestro permiso de viaje, las cuales iba dejando en cada uno de los puestos de seguridad, ante militares, o tal vez milicianos, porque muchos de ellos no tenían uniforme, que nos miraban con cara de pocos amigos, hasta que mostrábamos nuestro pasaporte y decíamos las palabras mágicas: “Argentina, Maradona, Messi”, luego de lo cual nos dejaban pasar con una sonrisa iluminada.

A pesar de ello, nosotros no tuvimos una sensación de inseguridad demasiado manifiesta, salvo en Shiban  donde nos pusieron un custodio con la consabida Kalashnikov y en uno de los llamados “viernes de furia” en el cual el jefe de la policía local nos hizo regresar al hotel y no nos dejó salir por unas cuantas horas, para preveer algún problema.

En los últimos dos días en Saná, la capital, tuvimos la ocasión de ver manifestaciones contra Abdullah Saleh, presidente primero de Yemen del Norte desde 1978 y luego de la reunificación siguió en el cargo hasta enero del 2012 (11 meses después de nuestra visita al país) en que tuvo que huir a EEUU. Las revueltas duraron todo el año 2011 y a pesar de sus 33 años en el poder, no pudo mantenerse.

Poco para ver en Hodaida, con excepción del mercado de tiburones

Volviendo al principal tema de esta nota, Hodaida es un tórrido enclave sobre el Mar Rojo enfrente de Eritrea, en la franja costera denominada Tihana, que es un área rica para la agricultura. Es una ciudad que tiene muy pocos atractivos, está dejada de lado por el ya escaso turismo que recibe el país. Llegamos por la tarde y nos alojamos en un hotel bastante normal, no de lujo, pero con algunos detalles que nos llamaron la atención como los artefactos de baño dorados, de muy mal gusto, pero que de alguna manera pretendían darle “categoría” al lugar.

A la mañana siguiente bien temprano, nos dirigimos al mercado de pescado. El bullicio y el olor penetrante fueron lo primero que sentimos.

A esa hora regresaban de su faena, multitud de pescadores que desembarcaban de botes pequeños hasta de barcas de mediano tamaño.

Nutrida concurrencia en el muelle

La gente se agolpaba en el muelle para comprar los peces más pequeños para la comida diaria. En otro sector había una especie de venta mayorista adonde estaban los pescados más grandes. Me llamó la atención que los hombres no lucieran la usual daga, sino la tradicional pollera que usan los yemeníes.

Allí vimos una cantidad de tiburones, muchos de ellos de gran tamaño. Debido a que las aletas es el bien más preciado y cotizado, apenas llegan al mercado se las sacan. En ese momento, nos dijeron que las vendían a 200 dólares el kilo. Luego inmediatamente le sacan los ojos, por lo cual queda el cuerpo del tiburón con forma troncocónica y los llevaban en carretilla para vender su carne.

A pesar de la cantidad de pescados, el mayor atractivo está dado por los tiburones

El panorama de los tiburones tirados en el suelo, en el medio de charcos de sangre, agua y el olor a pescado completaba un panorama no demasiado atractivo.

Además de los tiburones, había también una gran cantidad de rayas de gran tamaño y muchos pescados desconocidos para nosotros, también para consumo.

Rayas y otros pescados para la venta

El histriónico personaje de la foto superior, bastante simpático, más parecido a un rastafari jamaiquino, que a un yemenita, posiblemente proveniente de la vecina orilla africana, nos acompañó durante toda la recorrida, nos mostraba los pescados, les abría la boca y al final por un dólar me vendió un collar con un diente de tiburón, que aún conservo.

Ya luego de haber visto pescadores, compradores y comerciantes, pescados y barcas, nos pareció que ya era suficiente, por lo cual emprendimos el camino hacia nuestro próximo destino, Mokha, la que en el siglo XVII fue capital mundial del café y que le dio el nombre al café que todos conocemos. Hoy es un lugar degradado en extremo. Ya contaré sobre otros lugares de Yemen que merecen ser conocidos.

Una reflexión final. Cuando leo las noticias de la guerra que desde hace 4 años de desarrolla en Yemen, pienso qué habrá pasado con nuestro guía y el chofer que nos acompañaron durante toda la estadía en este hermoso país, y también como será la vida cotidiana de los centenares de hombres mujeres y niños que estaban ese día en el mercado.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s