Antártida

A bordo del Star Princess, febrero 2009

DSCN0912

 Es poco y mucho lo que se puede escribir sobre la Antártida. Mucho por la fascinación de poder visitar el último continente no conocido para mi, por la magia de esas extensiones infinitas sin vegetación ni ningún rastro de civilización con excepción de las bases científicas  que numerosos países han establecido. Al mismo tiempo hay poco para escribir, por estas mismas razones.

El continente blanco, es de alguna manera bastante homogéneo, y ya no tan blanco, tal vez por efecto del calentamiento rural, es un moteado de hielo y rocas negras que sobresalen. Me hizo pensar por su similitud en la película de Disney de los dálmatas.

Sin embargo se han sucedido algunos acontecimientos que merecen ser narrados.

Este viaje desde Buenos Aires, con destino final Valparaíso, lo hice en el tipo de cruceros grandes en los cuales no se baja en la Antártida sino sólo se observa desde el barco. Los otros cruceros, aquellos en los que existe la posibilidad de bajar en gomones y caminar la superficie, son extremadamente costosos, se realizan en barcos relativamente pequeños que parten desde Ushuaia y están reservados a un selecto grupo de turistas, principalmente extranjeros.

Luego de dos días de navegación desde Malvinas, cruzando el pasaje del Pasaje de Drake con un tiempo fantástico, logramos divisar la costa de la península antártica. Mi reflexión luego de esta navegación suave y placentera fue “Este es el famoso y temido Canal de Drake?”. El regreso me demostraría lo equivocado que estuve.

Los monitores del barco nos enseñaban nuestra posición en esa silueta irregular que desde el polo sur avanza hacia el norte y que tantas veces vimos en el mapa de la República Argentina, como una parte indisoluble de nuestro territorio.

Claro que si vemos mapas de otras naciones como Chile, o Reino Unido, existe una superposición con nuestro territorio, cuya disputa no tiene definición debido al Tratado Antártico de 1961, que congela (nunca mejor aplicada la palabra!!) los territorios reclamados por los distintos países signatarios.

A medida que se navega más hacia el sur, los paisajes de la Antártida son blancos eternos, sólo con algunas rocas negras que sobresalen en la superficie, con montañas o elevaciones y también con terrenos totalmente planos que caracterizan a esta parte del territorio.

Las localizaciones en las que navegamos fueron la Elephant Island, la Base Esperanza, la Admiral Bay, las islas Shetland del Sur, la Isla Decepción y el Glaciar Neumayer.

Los sitios visitados y el itinerario del barco al regreso. En la pantalla se observa la velocidad del viento de Fuerza 10

Los glaciares de la Antártida son muy numerosos. Las colinas desembocan al mar, con esas paredes de hielo que reflejan el sol con múltiples tonos de azul, celeste y blanco. En cambio cuando está nublado se tiñe el hielo, agua y montañas de un gris plomizo uniforme.

Glaciares y campos de hielo

En el amanecer del segundo día nos sorprendimos al estar fondeados enfrente de la Base Antártica Esperanza de Argentina, el único asentamiento civil permanente del continente. Hay 7 familias que allí viven, tiene escuela, capilla, oficina del Registro Civil y otras dependencias, distribuidas en 53 construcciones rojas. Algunas curiosidades es que en esta Base se registró el primer casamiento religioso y el primer nacimiento del continente. Un barco de transporte anclado en la bahía nos recuerda el apoyo que deben tener los científicos, pobladores y militares de este sitio tan inhóspito, para poder vivir todo el año en este lugar.

La Base Antártica Esperanza

Durante nuestra navegación tuvimos oportunidad de ver numeroso icebergs, no de grandes dimensiones, pero que igualmente imponen respeto, porque son una especie de isla flotante, de un color blanco inmaculado.

Algunos de los muchos icebergs con los que nos cruzamos

Nuestro barco transportó a una delegación científica polaca de hombres y mujeres que desembarcaron en gomones en  Estación Antártica Polaca Henryk Arctowski, ubicada en las islas Shetland del Sur, en un lugar reparado y con alguna pequeña vegetación que contrastaba con lo blanco que habíamos visto desde que llegamos a la Antártida.

Los científicos polacos desembarcando para pasar el invierno en la Estación Henryk Arctowski

Otra curiosidad del viaje es que navegando por estas desoladas aguas, nos cruzamos con un velero de dos mástiles que navegaba plácidamente a motor entre las masas de hielo. Para un amante de la náutica tiene que ser una experiencia única en la vida.

DSCN0872 (1)

Una experiencia única, navegar en un pequeño velero en la Antártida

Sobre el clima, en general la temperatura no era demasiado fría, en torno a 0ºC, sin embargo cuanto el viento soplaba, el clima era riguroso y teníamos que echar mano a todo nuestro abrigo, incluyendo el pasamontañas para proteger la cara.

DSCN0700

En un momento dado, el capitán hizo un anuncio intranquilizador. Nos comunica que debe adelantar un día el regreso dado que se prevé una tormenta muy fuerte y por razones de seguridad, no quiere cruzar el Pasaje de Drake en el  momento que la tormenta sea más intensa, razón por la cual tuvimos que emprender el regreso casi inmediatamente.

Así como había estado un poco decepcionado con el cruce inicial del Pasaje de Drake en un mar calmo, la vuelta fue muy interesante porque nos demostró lo que es la naturaleza. El viento era Fuerza 10 (Temporal Duro) medida en la escala Beaufort, lo que significa alrededor de 100 km/hora, con olas, que según decían, tenían de 10 metros de altura. Salir a la cubierta era desaconsejado, pero igualmente y con mucha precaución salí para conocer la sensación y tomar algún video de la fuerza del mar. Prácticamente no pude mantener la cámara en la mano por la intensidad del viento. El barco cabeceaba hacia arriba y abajo, las olas golpeaban contra la proa y estallaban en un mar de espuma. Una muy interesante experiencia.

El agua en la piscina del barco se movía con un oleaje equivalente al del mar.

Luego del cruce del Pasaje de Drake, nuestro próximo destino era circunnavegar el Cabo de Hornos. Había una neblina cerrada que por más que el capitán anunciara que estábamos enfrente del Cabo, no se veía nada, sólo la niebla espesa, que al cabo de un par de horas se disipó parcialmente y dejó ver la silueta gris con el oleaje que castigaba las rocas de la costa. Al menos no nos fuimos sin ver nada. El mapa en la pantalla nos indicó mucho mejor cómo habíamos navegado alrededor del Cabo que lo que vimos realmente.

La silueta gris del Cabo de Hornos

Unas después del Cabo de Hornos, ya con buen tiempo, ingresamos al Canal de Beagle, sintiéndonos como en casa, con paisajes conocido y donde hemos navegado antes. Cuando se acercó la embarcación del Práctico y divisamos la ciudad de Ushuaia, sabía que nuestra aventura antártica había terminado, lo que me dio cierta tristeza, aunque aún nos esperaba visitar Punta Arenas y recorrer los fiordos chilenos.

Canal de Beagle y Ushuaia

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s