Trekking en las Meteoras y en el Parque Nacional de Pindo

Grecia, 2018

IMG_20180928_111356-EFFECTSCon los hermosos lugares que hay en la Argentina para caminar y que aún nos quedan por conocer, la pregunta de cualquiera se haría es porqué ir hasta Grecia? Varias son las respuestas. En primer lugar no se camina sólo para ver paisajes o para superar dificultades técnicas, sino para conocer la cultura, la gente y la historia local, además de los paisajes. En segundo lugar, es más fácil, cómodo y hasta económico caminar en Europa que en la Argentina. Estamos cansados de refugios hacinados de gente, sucios hasta lo indescriptible, con letrinas en lugar de baños, con refugieros que encuentran un modo de vida nihilista en lugar de lo que debería ser un negocio con servicios de buena calidad, y además los refugios argentinos son carísimos.

Este viaje lo realizamos con nuestro grupo de trekking y la organización estuvo a cargo de nuestros compañeros Deiana y Néstor, debido a que lo realizamos con la misma agencia que usamos el año pasado en nuestra caminata en Bulgaria.

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La elección de los lugares correspondió 50% a nosotros que teníamos claro que queríamos caminar en las Meteoras y el otro 50 % por la agencia que nos propuso el Parque Nacional de Pindo, un lugar que resultaría hermoso.

El lugar de encuentro fue Tesalonica, adonde confluimos los 11 integrantes del grupo desde distintos lugares ya que aprovechamos todos los años las caminatas como un viaje a Europa en el cual además de los países que quiere visitar cada uno, compartimos una semana de caminata juntos. En este caso los distintos países visitados por nuestros compañeros fueron Rusia, Italia, Holanda, Uganda y otras zonas de Grecia.

Tesalónica tiene mucho más para ver que lo que imaginé cuando en 1986 el tren que me llevaba de Belgrano a Atenas hizo una parada en esta ciudad, tardé más de 30 años en saber que era un lugar interesante para visitar, tal vez sin la historia de otras ciudades de Grecia, pero hay ruinas romanas, iglesias bizantinas, monasterios ortodoxos, mercados y una costanera repleta de cafés y restaurantes.

 

Tesalónica

De allí fuimos a Ioanina, una ciudad enclavada sobre el lago Panvotis, donde en la isla del lago pudimos conocer la increíble historia de Alí Pashá, el cruel gobernador del Imperio Otomano en la región, cuya cabeza, por tomarse demasiadas atribuciones, terminó en 1822 en una bandeja de plata en el palacio del Sultán Mahamud II en Estambul. Una magnífica pintura en el museo de la isla representa ese momento.

Ioanina, la isla y el ocaso de Alí Pashá

El Parque Nacional de Pindo. Al día siguiente iniciamos en Monodendri nuestra caminata de varios días que nos condujo a las localidades de Kapesovo, Vradeto y Mikro Papingo.

La caminata transcurre a través del valle Valdia Kalda por bosques de árboles de hojas caducas, especialmente robles y hayas, que en el mes de septiembre aún conservan sus hojas que empiezan a tomar los colores propios del otoño. A la sombra protectora de estos árboles hay un tapiz denso de pastos y flores de singular belleza. En algunas zonas hay macizos densos de pino europeo.

Además de la vegetación las tres cosas que más me llamaron más la atención son los acantilados que bordean los ríos de la región. Las vistas son imponentes, tanto desde arriba del acantilado como desde abajo, nuestros senderos nos conducían a veces por el borde de los ríos o arroyos, es decir debajo de los acantilados y otras veces por el sector superior, desde donde veíamos el río y los bosques desde arriba.

Los acantilados del Parque Nacional de Pindo

La segunda son los puentes de piedra, construidos entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Hay decenas de ellos, algunos pequeños, otros muy grandes, que se conservan en muy buen estado a pesar del tiempo transcurrido.

Los puentes de piedra del siglo XVIII y XIX

El tercer tema muy interesante son las aldeas, el Parque está tapizado de aldeas de distinto tamaño. Todas ellas tienen la protección de Unesco por sus casas íntegramente de piedra, por lo cual no se puede hacer otro tipo de construcción que no tenga estas características, aun los hoteles modernos siguen estos lineamientos arquitectónico.

Las casas de piedra protegidas por Unesco

Con respecto a los aspectos turísticos, todo fue excelente, no sólo nuestra guía Any, que ya conocíamos del viaje anterior a Bulgaria, sino los alojamientos en hoteles familiares algunos más sencillos que otros, pero con todas las comodidades y la comida.

Una pequeña anécdota, en Vradeto, un caserío muy pequeño en una de las dos casas de comida para los viajeros, había un cartel que decía que el primer extranjero que pusiera en el mapamundi del salón una bandera en su país, recibía una bebida gratis. Por supuesto entré y con satisfacción vi que no había ninguna bandera en Argentina, así que la chica que atendía me sirvió una copa de licor local, se sirvió otra para ella y brindó conmigo.

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El primer argentino en Vradeto

El ascenso al refugio de Kastraka. Luego de estas jornadas de senderos amigables, sin esfuerzos superiores a nuestras fuerzas, tuvimos la ascensión al refugio de Kastraka, que en cambio me demandó un esfuerzo muy grande. El desnivel es de 1.000 metros de altura en 5 km de recorrido, lo cual implica, para los que no están acostumbrados a la montaña, un 20% de pendiente constante. Es como subir un edificio de 7 pisos de altura cada 100 metros, durante 50 cuadras.

El camino en general era de piedras flojas, lo que demandaba mayor esfuerzo y atención para no resbalar. Todo ello me ocasionó un excesivo cansancio y también aburrimiento, porque el paisaje a medida que íbamos ascendiendo perdía la vegetación arbórea, y se transformaban en pastizales con matas pequeñas, muy similares a los de las sierras de Córdoba. Creo que también después de estar viajando durante un mes, el entusiasmo disminuye.

Luego de casi cuatro horas llegamos al refugio, cansados pero contentos. Lo primero que nos impresionó fue la excelente limpieza y organización del refugio, que contrastaba con la suciedad y la precariedad de los refugios de la Patagonia que son una vergüenza y mucho más caros. El encargado nos recibió con una bienvenida muy educada pero también muy explícita de las reglas de funcionamiento: donde dejar bastones y zapatos, los horarios, la forma de solicitar la comida, donde retirarla, etc, etc.

Hubo algunas veladas críticas de algunos del grupo acerca del encargado, ya que a pesar de su buena educación para decir las cosas, parecía un militar. Mi reflexión es qué nos pasa a los argentinos que no nos gusta la disciplina? Preferimos hacer lo que queremos, aún cuando signifique estar en un refugio en el medio de la suciedad y la desorganización, creo que por eso estamos como estamos como país. Me estoy refiriendo a la visión de buena parte de la clase media con educación superior de nuestro país.

El refugio de Kastraka y el hermoso atardecer

La comida fue excelente y muy abundante y la propuesta era subir otros 500 metros para ver a los tritones, unos pequeños anfibios, o descansar. Opté por la segunda opción, durmiendo dos horas de siesta que compensó el cansancio de la mañana. Me perdí los tritones, que a juzgar por las fotos, tampoco eran gran cosa, pero necesitaba el descanso.

Cuando llegaron de la caminata nuestros compañeros, se había desatado un viento muy fuerte, que apenas dejaba caminar en el exterior. Los postigos de metal, a pesar de su solidez para soportar la presión de la nieve durante el invierno, no resistían el viento y flameaban. Según el encargado del refugio, los vientos eran fuerza 10 en escala Beaufort que corresponde a la categoría Temporal Duro, equivalente a velocidades entre 88 y 101 Km/hora. Me sorprendió que usara esta antigua escala marina, la cual yo había aprendido en mis tiempos de estudiante cuando era ayudante de la cátedra de Climatología y que hoy ha sido dejada de lado por la precisión y el abaratamiento de los anemómetros usados para medir la velocidad del viento.

Reunido todo el grupo, tuvimos la ocasión de ver un hermoso crepúsculo, pero era imposible salir para tomar fotos, ni siquiera abrir las ventanas, así que nos contentamos con sacarlas a través de los vidrios. Luego de la cena también la noche nos deleitó con una luna llena, que vimos desde adentro.

Al día siguiente la bajada fue rápida, prestando mucha atención por las piedras sueltas y cuidando las rodillas, lo que no evitó que tuviera algún resbalón.

Meteoras. Es un lugar impactante, al llegar por la tarde recorrimos con el vehículo un circuito que enlaza a los distintos monasterios colgados, algunos muy grandes como el Gran Meteoro y otros muy pequeños, todos ellos en un paisaje fantástico. En su origen en el siglo XI era el lugar de retiro de lo ermitaños, pero luego, hacia el siglo XIV se fundaron los primeros monasterios. Todos ellos están magníficamente restaurados, pero aún quedan restos de cuevas de los ermitaños, con los precarios sistemas de acceso.

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Cuevas de los ermitaños

Estuvimos alojados en un bonito hotel en la localidad de Kastraki, uno de los puntos más cercanos para la visita a los monasterios, y ante el pronóstico de lluvias y tormentas intensas nuestra compañera Cristina, la chamana, hizo una cruz de sal, a los efectos de alejar la lluvia. Al día siguiente, con un tiempo amenazante, hicimos las caminatas entre los monasterios, combinando el trekking con las visitas religioso-culturales. Las caminatas transcurrían por bosques principalmente de hayas, donde también en ciertos lugares había robles y pinos. Los senderos eran amigables, no ofrecían dificultad más allá del esfuerzo para la ascensión a los monasterios propiamente dichos. Dada la dispersión de los monasterios, algunos tramos los hicimos en nuestro vehículo.

Comenzamos por el pequeño monasterio de Ipapantis y de allí caminamos por un hermoso sendero hasta el Gran Meteoro, también denominado de la Transfiguración de Cristo. Se eleva a más de 400 metros sobre el río Pinio y es un complejo monástico que alberga una hermosa y lujosa iglesia, un museo con incunables y demás documentos y objetos antiguos. Son muy interesantes la cocina, el osario, donde están expuestas las calaveras de los monjes y también llama la atención una colección de objetos de trabajo, principalmente relacionados con la agricultura y la fabricación del vino.

El monasterio de Gran Meteoro

A pesar de que septiembre no es alta estación el monasterio estaba repleto de visitantes. Afortunadamente llegamos temprano y pudimos hacer la visita sin una multitud de gente pero al bajar las largas escalinatas nos cruzamos con cientos o tal vez miles de turistas de diferentes países. Me llamó la atención las patentes de los autos estacionados, conté 12 países diferentes, algunos lejanos como Rusia o los Países Bajos y otros casi vecinos como Bosnia, Albania, Italia o Croacia. Es impresionante la movilidad de los europeos, que aprovechan cada oportunidad para viajar en un continente que está lleno de lugares interesantes.

A pesar de la magnificencia del Gran Meteoro, el monasterio de Santa Bárbara que es de monjas es el más bonito porque las monjas cuidan el jardín con una cantidad de flores y tiene una iglesia es pequeña pero muy hermosa y antigua.

Santa Bárbara y los escaladores, a la izquierda en plano general y a la derecha en detalle

 Desde allí vimos una pareja de escaladores, que trepaban por una montaña, que desde nuestro punto de observación parecía absolutamente lisa. Hay gente que asume cada riesgos!!!!

Si bien las Meteoras me pareció un lugar magnífico y que vale la pena visitar, pensé en algo más impactante, como fue mi visita al monasterio Taktshang, también denominado “El nido del tigre” en Buthan, que se encuentra en un lugar más inaccesible y se eleva más de 700 metros, siendo un importante lugar sagrado del Budismo himalayo. De todas maneras la visita a Meteoras vale la pena y se la recomiendo a cualquier viajero.

Al día siguiente regresamos a Tesalónica y cada uno de los miembros del grupo nos dispersamos a distintos destinos, unos volviendo apresurados a Buenos Aires, como fue mi caso y otros continuando las vacaciones europeas, pero todos satisfechos por la experiencia tanto del trekking como de las visitas culturales y la excelente gastronomía griega.

 

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