Con Inosuke Hayasaki, un sobreviviente de Nagasaki

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Nagasaki, Japón, 2016

Durante nuestro primer viaje a Japón, hace ya muchos años, visitamos Hiroshima, como forma de acercarnos a esa gran tragedia que fue la Segunda Guerra Mundial.

Llama la atención la austeridad de Hiroshima, sin embargo tiene un significado muy profundo y a veces no son necesarios grandes monumentos para trasmitir el dramatismo de este triste recuerdo de la humanidad. Tampoco no hay un mensaje antinorteamericano, sino que se relata de manera bastante aséptica lo que allí ocurrió.

En nuestro viaje del 2016, decidimos llegar hasta la lejana Nagasaki, la segunda ciudad (y afortunadamente la última) en recibir un ataque nuclear. Lo que no sabíamos era que nos íbamos a encontrar con un sobreviviente de la explosión y poder conversar con él.

A pesar del Shinkansen, (tren bala), no es fácil ni rápido llegar a Nagasaki, ya que se encuentra a más de 1.200 km de Tokio, pero se requieren dos cambios de trenes, los primeros muy veloces y el último un tren local que circula a relativamente poca velocidad, lo que hace que el trayecto se complete en algo menos de 14 horas.

Habiendo salido temprano de Tokio llegamos a la ciudad alrededor de las 18 horas. Nos alojamos en un hermoso hotel bastante cerca de la estación y salimos a caminar al anochecer por la ciudad que estaba adornada con grandes figuras iluminadas.

La ciudad de Nagasaki

Al día siguiente fuimos directamente al  Nagasaki Peace Park que es el homenaje a las víctimas del ataque nuclear.  La palabra PAZ la veríamos muchas veces en ese día. El Parque está esmeradamente cuidado, es hermoso desde el punto de vista ambiental, pero las numerosas esculturas conmemorativas de la tragedia le dan aún mayor significado.

Nagasaki Peace Park

Primero visitamos un museo, que me impresionó más completo que el de Hiroshima, donde están muy bien explicados todos los efectos de la explosión, tanto en la destrucción material como en la cantidad de muertos y daños colaterales para la población.

Así me enteré que Nagasaki tuvo muy mala suerte.  Inicialmente se había pensado en bombardear Kioto, Hiroshima y Nigata. Kioto fue rápidamente descartada. Luego las tres ciudades a bombardear eran Hiroshima, Kokura y Nigata. Posteriormente se incluyó a Nagasaki como objetivo secundario. Hiroshima fue bombardeada el 6 de agosto de 1945.

Uno de los muchos testimonios de la explosión nuclear

El 9 de agosto a las 2,49 am partió el B 29 con la bomba atómica “Fat Boy”, con el objetivo primario de bombardear  “el arsenal y la ciudad de Kokura” y como objetivo secundario bombardear “el área urbana de Nagasaki”. La visibilidad en Kokura resultó prácticamente nula debido al humo de incendios provocados por otros bombardeos convencionales. Es así como el comandante se dirigió a Nagasaki, donde también la visibilidad era nula. Hizo dos aproximaciones y en el tercer giro, a las 10,58 am decidieron regresar por la escasez de combustible. En ese momento las nubes se abrieron y dejaron ver la ciudad, por lo cual apresuradamente a las 11.02 am descargó la bomba de 15 kilotones.

El B 29 y la Fat Boy

Lo que siguió, es más conocido, la explosión cayó muy cerca de una fábrica militar, provocando la muerte de 137.000 personas, la mayor parte civiles, de los cuales 74.000 fallecieron en el momento. Se calcula que muchas más personas fueron afectadas como consecuencia de las radiaciones. La población total de la ciudad era del orden de 240.000 habitantes.

Ahora bien, volvamos a la visita. Luego de salir del centro de información donde están profusamente explicados estos hechos, fuimos a caminar por el parque, que con cuidado estilo japonés, alberga monumentos conmemorativos.

Cerca del camino principal nos encontramos con Inosuke Hayasaki, quién todos los días concurre desde hace años al parque para dar su testimonio de lo que sufrió el día del bombardeo, cuando con sólo 14 años trabajaba como aprendiz en la fábrica de armamento Mitsubishi, ubicada a 1,1 km del epicentro de la explosión nuclear.

Inosuke que pertenece a la Nagasaki Foundation for the Promotion of the Peace, con un limitado inglés trata de trasmitir su historia el día de la expolosión. La providencial orden de su jefe de que vaya a buscar algo al galpón de al lado, lo salvó de una muerte segura, ya que de 32 personas que componían su equipo de trabajo, sólo hubo dos sobrevivientes.

Nos cuenta que cuando sintió la explosión fue arrojado contra un pilar que lo protegió del calor y de la radiación, también sobre el caos que vivió después de la explosión tratando de alejarse de la ciudad destruida y en llamas.

Finalmente nos dice que quiere trasmitir a los visitantes el miedo de las bombas atómicas y que desea paz para todos.

La tarjeta de Inosuke

Me llamó la atención que no hubo una sola palabra de odio, ni de recriminación hacia los atacantes norteamericanos, sino solo una reflexión dirigida a promover la paz y señalar el horror de las armas nucleares.

A diferencia de las visitas a otros lugares donde ocurrieron grandes catástrofes de la humanidad como Hiroshima, Auschwitz o Chernobyl, la visita a Nagasaki, por haber tenido el contacto directo con una de sus víctimas, en la persona de Inosuke me causó una impresión mucho mayor, que me acompañó mucho tiempo, incluso tuve su tarjeta en mi billetera durante meses, como si ese fuera uno de los recuerdos más importantes de mi historia de viajero.

El epicentro de la explosión nuclear

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