En la tumba del poeta Hafez

Shiraz, Iran, 2011

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Cuando decidí viajar a Irán, la mayor parte de mis amigos pensaban que me había vuelto loco. La idea surgió luego de conversar con amigos italianos que habían estado en ese país, los que me motivaron a visitarlo y me hicieron en contacto con Ali Reza, un guía con perfecto dominio del español, que nos organizó un maravilloso viaje a medida.

Hay mucho para ver, para la mayoría de los turistas Persépolis es el punto más importante por su historia, pero Irán tiene infinidad de sitios muy interesantes. Otro de los puntos de mayor interés es Isfahan, una ciudad maravillosa, como pocas en Asia y en el mundo, tal vez sólo comparable con Samarkanda en cuanto a belleza y esplendor.

Sin embargo en esta nota voy a escribir sobre la visita que hicimos a la tumba del poeta Hafez, que fue una experiencia que pinta la cultura y la calidad humana del pueblo iraní y también su sensibilidad artística.

Hafez (también citado como Hafiz) fue un poeta sufí que vivió entre los años 1325 y 1380 que hoy en día sigue siendo venerado por la gente común de Irán. Muchos recitan de memoria sus versos.

Hafez tuvo una vida azarosa, huérfano desde muy temprano, pudo lograr una adecuada educación gracias a la ayuda familiar. Hablaba persa y árabe y desde muy temprano aprendió de memoria el Coran. También se dice que memorizó los escritos de Saadi de Shiraz y otros escritores persas famosos como Farid-uddin Attar, Rumi y Nezamí.

Se cuenta que a los 21 años hizo una vigilia de cuarenta días con sus noches en la tumba del poeta Baba Kuhi, fallecido en 1050. Siendo muy joven fue poeta de la corte del rey Abu Ishak, pero cuando éste fue destituido por Muzaffar, perdió el favoritismo real y también su cátedra de estudios coránicos, la que recuperó con el siguiente cambio de gobierno.

Sin embargo durante ese período comenzó una orientación espiritual que lo acerco al mundo sufí, lo que le hizo perder nuevamente el favor del nuevo soberano y temiendo por su seguridad se exilió en Isfahan. Apaciguados los ánimos regresó a Shiraz y tuvo, ya con más de 50 años, un período en que se acerca un poco a la religión.

Su obra consta de más de 500 poemas y ha sido traducida a muchos idiomas. Los poemas de Hafez hablan de los placeres como el vino, el amor y la caza, la vida de la gente común y el acercamiento espiritual a Dios, concordantes con la cultura sufí. También satiriza la hipocresía de los líderes religiosos musulmanes.

Por no ser un poeta que se haya orientado al Islam, no gozó de los favores del gobierno de los clérigos islamistas encabezados por el Iman Komehini, que llegaron al poder luego de derrocar al Sha de Persia, Reza Pahlevi.

El gobierno islámico decidió no sólo ignorar a Hafez, sino también procuró impedir su culto, por su orientación sufí. Al advertir la resistencia de la población y la fuerza de la veneración a esta figura legendaria, en un giro de 180 grados, el gobierno iraní comenzó a ensalzar su figura y valorizarla como nunca antes.

Volviendo al tema central sobre la tumba de  Hafez, ella está emplazada en un parque muy bien cuidado en las afueras de la ciudad de Shiraz, cuna de la noble cepa de vinos tintos. La tumba ha tenido distintos emplazamientos dentro de este cementerio, pero ha sido venerada durante los últimos 7 siglos, lo que no es poco.

El mausoleo se encuentra ubicado debajo de un templete elevado, de forma circular, con una lápida con algunos de sus versos, con lugar suficiente para unas cuantas personas.

Es tradición que los iraníes concurran a la tumba de Hafez a leer sus versos y la costumbre local dice que hay que abrir el libro al azar y leer el poema de esa página. Luego hay que tratar de descifrar el poema y reflexionar sobre el contenido de los versos, porque se supone que nuestra vida está influenciada por esos versos o que existe una relación entre ambos.

Para cumplir con ese rito y el guía nos dio el libro de Hafez en español y el poema que surgió del azar es el siguiente:

UN FUEGO

El fuego del corazón prendió en el pecho y ardió doliente por el Amado.                                  Un fuego había en la casa que la morada quemó.

La distancia del Amado hizo arder mi cuerpo.                                                                    Separado de su rostro, un fuego mi alma quemó.                       ………………………………………………………………………………………………………….

Me resultó difícil descifrar su contenido, pero a nuestro regreso pasando por Barcelona fui a la librería y compré el libro de Hafez que aún conservo y que me permite recordar ese momento tan espiritual, en un país en el que los medios de comunicación nos hacen creer que sólo encontraremos barbarie y desarrollo nuclear bélico.

Una anécdota sobre la sensibilidad de nuestro guía. A la salida del cementerio, con mucha educación nos preguntó si podíamos disculparlo porque se iba a demorar unos minutos, si es que nosotros no teníamos inconvenientes. Obviamente le dijimos que no había problema. Le pidió al chofer que nos llevara a un pequeño supermercado y compró un par de latas de atún y regresamos al cementerio. Estábamos muy intrigados por esta compra. Luego nos explicó que había visto unos gatos que estaban muy flacos y por eso quería darle de comer, así que volvimos al cementerio y los gatos felices acabaron rápidamente el atún.

En otras notas escribiré algo más sobre Irán, porque vale la pena.

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