El volcán Mt Yasur y bastante más

Vanuatu, 2016.

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El volcán Mt Yasur

Como parte de nuestro viaje a la Melanesia en el Pacífico Sur incluimos a la república de Vanuatu, que es un joven país independizado en 1980 y conocido anteriormente como Nuevas Hébridas.

Vanuatu es un conjunto de 83 islas situado a unos 1800 km de Australia, con una población de 200.000 habitantes de los cuales en el 95% son nativos melanesios. Tiene poca actividad económica, ya que es principalmente montañosa, lo que no impide tener en su capital, Por Vila, un mercado con productos alimentarios locales con gran diversidad, al igual que en la isla de Tanna. Recibe sólo unos 50.000 turistas por año.

Es un paraíso fiscal, a tal punto que mi amigo Josué cuando se enteró que iba a viajar a Vanuatu me preguntó: “vas a comprar un banco?”, porque parece que se venden licencias de banca off shore con toda facilidad. Nada más alejado de mi interés que comprar un banco.

Otras fuentes de ingreso del país es el registro de empresas internacionales aprovechando su condición de paraíso fiscal, los registros de naves mercantes extranjeras y la venta de estampillas postales, principalmente para filatelistas, lo que demuestra la precariedad de su economía, con sólo alguna producción muy básica para autoconsumo.

La capital está ubicada en la isla de Éfaté y tiene muy poco para ver, sin embargo alquilamos un auto y recorrimos en un día todo el perímetro de la isla, donde disfrutamos de una vegetación exuberante, algunas lagunas azules para nadar.

Lagunas azules y  playas maravillosas desiertas

También tuve la oportunidad de hacer snorkelling en un avión hundido durante la Segunda Guerra Mundial,  lo cual fue una experiencia muy interesante.

Snorkelling en un avión hundido en la Segunda Guerra Mundial

Me llamó mucho la atención la calidez de la gente, ya que a pesar de las barreras culturales y la del idioma (hay más de 100 lenguas locales en el interior), grandes y chicos se desvivían por relacionarse.

Sin embargo lo más interesante fue el viaje que tenía previsto a la isla de Tanna para ver el volcán Mt. Yasur que, por lo que había leído era la atracción más importante del país. El viaje sabía que iba a ser agotador, por lo cual fui sólo, sin embargo no me imaginaba que sería tan riesgoso.

Partí del pequeño aeropuerto de Port Vila con un vuelo de la línea de bandera, Air Vanuatu, pero lo que no me podía imaginar que la máquina era un pequeño bimotor con capacidad para sólo 5 pasajeros (todos los demás locales) y el piloto.  El avión carecía de todo instrumental y sólo viajaba con visibilidad directa. Nos dirigimos primero a la pequeña isla de Erromango, donde las nubes y una cadena montañosa, me hicieron pensar como encontraría el piloto la pista si el cielo se cubría. Afortunadamente las nubes se despejaron y no tuvo problema para aterrizar en lo que no se podía llamar aeropuerto dada la precariedad de las instalaciones.

El aeropuerto de Erromango, nuestro pequeño avión y un pasajero local

Llamaba la atención la cantidad de gente que había al costado de la pista, más de un centenar, que sólo venían a ver la salida y llegada del avión, ya que hay vuelos únicamente una vez por semana. Descendió un pasajero y bajaron una cantidad de cajas y encomiendas y luego volvimos a despegar hacia la isla de Tanna, nuestro destino final. El aterrizaje estuvo perfecto dadas las buenas condiciones ambientales.

Allí me estaban esperando del “hotel” que contraté por internet, que eran unas cabañas en las cuales el único pasajero era yo, muy sencilla pero muy limpias con una maravillosa vista y rodeada de flores y hermosa vegetación.

Mi alojamiento en Tanna

La misma gente del hotel me llevaría por la tarde a recorrer distintos puntos de la isla, incluyendo playas, las fuentes de agua termal de Sulphur Bay que emanan tanto en la playa como en el mar y Port Resolution. También recorrimos la selva, para luego terminar al atardecer en el volcán del Mt. Yasur.

Paisajes y gente de Tanna

La recorrida estuvo perfecta, lamentablemente en Shark Bay, que debería estar plagado de tiburones ya que es un punto de encuentro, no lo vimos porque los escualos, por las condiciones de la corriente de ese día, no estaban en la bahía como se supone que deberían estar.

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Shark Bay

Una particularidad de esta isla, que también se da en algunas otras del archipiélago es que hay gente de raza negra, como son en general los melanesios, pero con pelo rubio. Aparentemente es una particularidad, seguramente producto de una mutación genética, que no existe en ninguna otra parte del mundo.

A última hora de la tarde, llegamos al Mt Yasur, aún con luz dado que había que subir una empinada cuesta y era mejor hacerlo con luz diurna. Cuando llegamos a la plataforma desde donde se podía observar a una distancia no mayor de 500 metros el cráter del volcán, el espectáculo era  dantesco.

A las sordas explosiones del volcán le seguía una lluvia de rocas incandescentes que caían a regular distancia de donde estábamos nosotros, sin embargo, el guía nos mostró una roca de casi un metro de diámetro que decía que había caído durante el día, lo que demostraba que evidentemente nuestro punto de observación no era seguro. Había otra plataforma de observación pero no pudimos acceder dado que por la dirección del viento los gases tóxicos del volcán circulaban en esa dirección.

El Mt Yasur en plena erupción

Cuando nos cansamos de ese maravilloso espectáculo, descendimos por la ladera y regresamos por un largo camino hasta las cabañas, a las que sólo atiné a cenar, ya que estaba rendido, porque había salido muy temprano de Port Vila y había tenido un día muy intenso.

A la mañana siguiente tenía dos actividades, la primera visitar la capital de la isla, y especialmente el mercado local, que es el único punto de interés. La segunda era luego de un trekking de algunos kilómetros alternando selva con pequeños campos de cultivos alimentarios y la visita a una comunidad local que desarrolló una actividad para turistas en la cual recreaban la relación con el hombre blanco.

El mercado fue muy interesante porque es el punto de encuentro no sólo para comprar y vender alimentos, sino que es un hecho social. Estaba muy poblado, los productos eran de muy buena calidad y a pesar de ser el único turista, no me sentí incómodo en ningún momento, tenía toda la libertad para sacar fotos y por momentos pensaba cómo era posible estar en uno de los lugares más alejados del globo terráqueo y sentirme tan cómodo como si estuviera en mi casa.

Los productos locales en el mercado de Tanna

Sin embargo, más que los productos, me interesé en la gente, especialmente en los chicos, que eran muy simpáticos y cariñosos, con la particularidad ya apuntada que unos cuantos de ellos eran rubios.

La gente y los niños del mercado

Luego hicimos el trekking, en el cual además de pasar por pequeñas escuelas y caseríos, todos muy prolijos, a pesar de su pobreza, nos detuvimos en un centro de culto y lugar de reunión de la comunidad, que era un abra en el monte, con un gran árbol, que aparentemente era un lugar sagrado o de ceremonias religiosas, según entendí.

El árbol sagrado, vivienda tradional y los chicos durante el trekking

En algún punto me vieron que estaba llegando con mi guía,  porque al atravesar el modesto portal donde daban la bienvenida al Tanna Magical Tour, aparecieron algunos indígenas casi desnudos, algunos ataviados con pareos, otros con slip y adornados con hojas de bananeros; que se presentaron con una cierta agresividad.

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La recepción, que no podría llamarse bienvenida

Lo primero que me dijeron que el hombre blanco era su enemigo y ellos lo habían combatido y también lo habían comido, lo cual es cierto porque los pueblos de la Melanesia fueron caníbales hasta bien entrado el siglo XX, se citan casos de canibalismo hasta la década de 1970 y según dicen, aún perduran hábitos de canibalismo en regiones apartadas de Papúa Nueva Guinea. A este tema me referiré cuando escriba la nota de Fiji, porque hay algo interesante para relatar.

El show, si se puede llamar así, estaba bien montado. Me explicaron que el jefe de la tribu no estaba presente porque había tenido que viajar a la capital de la isla para atender ciertos asuntos, pero el hijo del cacique que era el que comandaba al grupo, me iba a atender como a un hermano.  Caminamos por unos senderos en la selva, donde me iba explicando sobre plantas, costumbres, etc,

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Los integrantes de la comunidad

En un momento dado, “sufrimos un ataque” de otros indígenas. Uno de ellos desde las malezas que bordeaban el sendero me agarró con fuerza de un tobillo, lo que dio origen a un simulacro de combate con mi protector, hasta que huyeron los atacantes. Fue algo bastante infantil pero simpático.

“El ataque”

La ceremonia terminó con un relato en el cual me dijo que por la tradición de hospitalidad de la comunidad y dada la ausencia del jefe de la tribu, me iban a designar “jefe por un día”. Así fue como me dieron una lanza y me pusieron una serie de atributos propios de “mi alta investidura” y finalmente posamos para una foto con la comunidad.

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Gran Jefe, por un día

Fue un episodio simple pero simpático que me permitió tener buen contacto con los pobladores locales.

Apenas terminamos la recorrida se desató una lluvia con fuertes vientos, como es común en las regiones tropicales, así que nos dirigimos bajo una cortina de agua hasta el aeropuerto, justo a tiempo para el vuelo.

Cuando llegó el avión me sentí más seguro porque era una máquina más grande que la del día anterior, con una capacidad para 15 pasajeros aproximadamente. Lo que me inquietó es que la carga de combustible al avión la hacían con una bomba manual desde un tambor de 200 litros, igual como se cargaba el gas oli a los tractores en el campo hace 30 años!!!

Repostando combustible manualmente bajo la lluvia

Yo estaba sentado en la primera fila y no había puerta entre la cabina de los dos pilotos y la de los pasajeros, así que veía perfectamente toda la operatoria que por la tormenta presagiaba un vuelo complicado.

Todo el viaje se hizo en el medio de las nubes, con muchas sacudidas y percibí por el diálogo nervioso de los pilotos que las cosas no estaban muy bien. Como he volado mucho en aviones pequeños me di cuenta que esta aeronave no tenía radar meteorológico que es absolutamente necesario cuando se navega con tormenta, ya que indica la magnitud de la misma y permite evitar zonas de mucho riesgo, que aparecen de color rojo en la pantalla. En la forma en que navegábamos no se sabía la peligrosidad de la tormenta, pero cuando nos aproximamos a Port Vila las referencias sobre la tormenta se la daban desde la torre del aeropuerto.

El clima en el pequeño avión era tenso por las sacudidas, no sólo por parte de los pasajeros, sino también de los pilotos que estaban en permanente diálogo con la torre y entre ellos, mientras escuadriñaban el cielo tratando de identificar un sector donde la tormenta fuera menos intensa.

La cabina de mando y nuestra llegada a Port Vila

Afortunadamente al rato de iniciar el descenso, estando ya a baja altura, se abrieron las nubes y vimos la costa de la isla y en un par de minutos identificamos la pista, en la cual aterrizamos sin contratiempos a pesar de la lluvia.

Cuando la nave aterrizó los pasajeros no sólo dieron un muy bien merecido aplauso a los pilotos, sino que lanzaron ruidosos vítores. Aprovechando que estaba en la primera fila, cuando el avión se detuvo le pregunté al piloto si no tenía radar meteorológico y me dijo que se les había roto esa mañana. Mi sensación era que debían estar volando desde hace mucho tiempo sin ese instrumento y arriesgando su vida y la de los pasajeros, como también había sucedido en el vuelo de ida.

Para terminar la nota, quiero contar lo que nos pasó en el vuelo de partida hacia Brisbane. Subimos al avión, también de Air Vanuatu, era un Boing 737 serie 800, con “olor a nuevo”, muy similar al que todos disfrutamos cuando retiramos un auto nuevo de la concesionaria. Le pregunté a la azafata si el avión era nuevo y me dijo que sí y que era el tercer vuelo que hacía.

Yo no sabía si estar tranquilo por volar un avión muy seguro o si preocuparme porque el piloto no tendría suficiente entrenamiento con esta aeronave. Nunca estamos conformes!!!

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