El  mercado de animales de Kashgar

China, 2015

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Un criador de ganado en el mercado

Pocas veces la organización de un viaje se hace teniendo en cuenta la visita a un solo punto. A pesar que mi periplo por la Ruta de Seda me llevó 45 días, en los cuales recorrí miles y miles de kilómetros, todo fue ajustado para poder llegar a la ciudad de Kashgar un sábado para visitar al día siguiente su famoso mercado de animales.

 Todos los domingos, desde hace 2.000 años, según dicen, los campesinos de la región se reúnen en este mercado para comprar y vender su ganado. Durante el apogeo de la Ruta de la Seda fue un importante centro comercial donde confluían las caravanas que evitaban en temible desierto de Taklamakan, ya mencionado por Marco Polo, cuyo significado es “el que entra no sale”. Era el camino obligado para atravesar los pasos de las altas montañas de Tian Shan en dirección hacia occidente pasando por lo que hoy es Kirguistan, no sólo para los viajeros de China, sino también los que provenían de la India. Eso explica la gran importancia que tuvo en el pasado y los sucesivos conquistadores que la dominaron a través de los siglos, desde el Gengis Khan hasta el temible Tamerlan (cuya biografía y conquistas recomiendo leer), y también varios otros.

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Kashgar es una ciudad de China muy alejada, está a 5.000 Km al oeste de Shanghai y cuando quiero presumir con algún chino sobre mis conocimientos de su país, les digo que he estado en Kashgar, entendiendo que es el punto más remoto de este enorme país. Lamentablemente, a pesar de ser una importante ciudad, casi ninguno de los chinos, incluso profesionales destacados con estudios en el exterior, conocen ni siquiera su nombre.

Las primeras vivencias de Kashgar

Tal vez hay distintas causas. La primera es que el país en gigantesco y hay centenares de ciudades más importantes y más próximas. Otra razón es que Kashgar es el epicentro de la etnia Uigur, chinos de religión musulmana, con vocación separatista y que al igual que los tibetanos se consideran sojuzgados por China y su poder central. Tal vez por eso es una realidad escondida dentro del país.

Es una zona fuertemente custodiada y vigilada, lo que se observa con las tanquetas y otros vehículos militares en las calles y también por el acceso a internet que era irregular y muy restringido. Hay una masiva migración interna de la etnia Han, que se instalan con todo tipo de beneficios en Kashgar, a los efectos de dominar la región por “absorción” disminuyendo la importancia relativa de la población uigur. Lo mismo sucede en el Tibet.

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Mujeres en el barrio antiguo de la ciudad

Ya contaré en otro relato como fue mi llegada desde la frontera terrestre con Kirguistán, lo que tampoco ha sido fácil. Había reservado un hotel por Booking en el centro de la ciudad. Un hotel con todos huéspedes chinos, incluso donde se celebró una boda ese día. A pesar de la simpatía de los empleados, la barrera idiomática era un impedimento para los temas más elementales, por ejemplo entender cómo llegar al mercado.

Posiblemente ellos no conocían el mercado, o lo conocían menos que yo, que ya lo había estudiado con tanto detalle. Como los empleados no hablaban inglés y yo tampoco chino, no había más remedio que recurrir al traductor del teléfono, pero aparentemente no fue efectivo porque me indicaron un el nombre para señalarle al taxista, pero al tratar de identificarlo en el mapa, me di cuenta que no era el lugar adonde quería ir, sino que me enviaban al Jardín Zoológico. Estábamos en un círculo vicioso imposible de identificar el mercado.

Decepcionado con la falta de información y preocupado por no poder llegar al mercado a pesar de tanta planificación previa, salí a la calle y le explicaba a los taxistas adonde quería ir y le mostraba lo que me indicaba el traductor. Todo fue infructuoso, así que decidí ir al mercado tradicional, que es otro de los puntos de interés de la ciudad, con la esperanza de encontrar allí algún turista, o guía o a alguien que hablara ingles y diera información más precisa para llegar.

Cuando subí al taxi, luego de acordar el precio del viaje, como es habitual viajé en el asiento delantero y comencé a explicarle al chofer que mi interés era llegar al mercado de ganado, en un rapto de lucidez el taxista entendió de lo que yo hablaba y me dijo que podría llevarme, pero que el precio era otro porque quedaba más lejos, de todas maneras no era un valor demasiado alto. Ahí respiré con tranquilidad porque al fin podría llegar al famoso mercado.

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Cualquier medio de transporte es idóneo para llevar los animales al mercado

Cuando llegamos, a través de una autopista de dos manos, el chofer me preguntó si quería que me esperara, pero le dije que no, porque prefería recorrer el mercado con tranquilidad, sin preocuparme porque tenía un auto esperándome. Si había llegado a pesar de las dificultades, de alguna forma podría regresar a la ciudad.

Sólo llegar al portón de entrada me di cuenta que sería una experiencia fascinante. Los animales llegaban al mercado caminando, en motocicletas con acoplado, que llevaban hasta 4 o 5 vacas grandes, y en la caja posterior de pequeñas camionetas.

Había todo tipos de animales: camellos, caballos, ovejas, cabras, vacas y toros, predominando en número eran las ovejas denominadas de Marco Polo. El mercado estaba en pleno apogeo, lleno de productores conversando a viva voz para establecer el precio del ganado, con grandes fajos de dinero en la mano como para seducir a los compradores. Un grupo de curiosos completaba cada ronda entre el comprador y el vendedor.

También me llamó la atención el aspecto de los productores. Vestidos con ropas oscuras, algunos con sacos de corte similar a los occidentales, obviamente si corbata y con el gorro semicircular, típico de los musulmanes. También sus barbas son muy particulares y los rasgos físicos no tienen nada que ver con los de los chinos. A pesar de ser parte del territorio chino, uno se da cuenta de los motivos por los cuales resisten a formar parte del gran país, dado que no los une ningún lazo genético, ni cultural ni religioso.

Cerrando el trato con un apretón de mano

Primero di una vuelta rápida para ver los animales, la gente, los puestos de comida y también algunos de venta de elementos propios de la actividad ganadera. Tomé algunas fotos y volví a los corrales donde se desarrollaban las transacciones.

Me concentré en la compra venta de los animales, participé como un curioso más en esas rondas tratando de entender de qué se trataba y como se desarrollaba el negocio y tomando fotos, lo cual a los presentes no le molestaba para nada, sino que entendí que les gustaba por las sonrisas cuando tomaba alguna instantánea de la transacción.

Camellos y caballos eran los menos frecuentes, en cambio las ovejas que tienen esas bolas de grasa en la cola, que ya había visto en los mercados de Turkmenistán y Uzbekistán era un atractivo, aún sin conocer sobre la raza se podía apreciar que la calidad de animales era muy alta.

Participé durante todo el tiempo que duró la venta de un enorme toro de raza Hereford que le dio bastante trabajo al vendedor, seguramente porque el monto sería elevadísimo. Una vez terminada la operación subir al toro a la caja de una pequeña camioneta fue un esfuerzo titánico, sobre todo porque no había un cargador de ganado de los que nosotros conocemos en Argentina, sino que sólo había una rampa por la cual tenía que subir el desconfiado y pesado toro, que estaba atado por cuerdas de distintas partes de su cuerpo y empujado por unos cuantos voluntarios. Por suerte el animal era bastante dócil y al final de tanto esfuerzo subió a la camioneta.

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El orgulloso propietario del toro Hereford

Los puestos de comida son algo para recordar, a pesar de que no pensaba comer dada su precariedad, medida según nuestros parámetros. En grandes discos mezclaban trozos de pollo, grasa, papas, arroz y condimentos y los cocineros revolvían permanentemente para tener una cocción pareja. Los comensales se agrupaban en mesas comunitarias, pero como llegué en el momento álgido de las ventas, todavía no era tiempo de la comida, sino que los participantes seguían más concentrados en la compra de ganado y unos pocos comían.

Los puestos de comida, como en todos los mercados, son un atractivo principal

Finalmente fui a los puestos donde vendían artículos para ganado y después de negociar un rato el precio, compré un cencerro de bronce muy bonito, que parecía antiguo por su confección y el color del metal; muy diferente a los usamos en nuestro país.

Tenía la disyuntiva si quedarme en el mercado de animales algunas horas más o volver a la ciudad para visitar el mercado principal y otros  lugares de interés, porque al día siguiente por la tarde debía viajar a Urumqi, otra ciudad alejada del oeste chino.

El gran mercado de la ciudad, que algunos dicen que fue el más importante de la Ruta de la Seda, era muy similar a los que había visto en Uzbekistán y en otros países de la Ruta, pero ya no tiene el esplendor de aquella época, porque a pesar de ser  enorme y con una gran cantidad de calles internas, vende principalmente textiles, electrónica barata, artículos para el hogar, perfumerías y muchos más. También son infaltables los puestos de comida.

El gran mercado

La calidad humana de la gente me impresionó, siempre dispuestos para dar una sonrisa o posar para una foto, tanto los jóvenes como la gente mayor.

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Kashgar, orgullosa de ser parte relevante de la Ruta de la Seda, decora sus autobuses con las míticas caravanas

Luego del mercado, completé la visita a Kashagar primero por la parte moderna, en un hermoso parque con una arquitectura y fuentes que no le envidiaría a ninguna ciudad europea o norteamericana, rodeado de los grandes edificios de 40 o más pisos de altura, que se ven en todas las ciudades chinas, en los que se está produciendo esta masiva urbanización china de más de 300 millones de habitantes.

La parte moderna de la ciudad

Luego también visité la parte céntrica, más antigua, con la impresionante mezquita de Id Kah, que dicen que es la más grande de China con una capacidad para 20.000 fieles y una madrasa de 400 habitaciones. La mezquita está cercana a una plaza, donde la presencia militar era más numerosa, en cuanto a tanquetas, soldados y cámaras de seguridad. En las inmediaciones soldados chinos pedían documentos a jóvenes uigures que por su vestimenta lucían bastante humildes.

En la mezquita de Id Kah

En una de los paseos por la ciudad pasé por un restaurante que parecía de muy buen nivel y entré para almorzar. Me encontré con un establecimiento sumamente lujoso, en estilo principalmente francés con reminiscencias árabes, que podría rivalizar con los mejores restaurantes de París, Nueva York o cualquier ciudad del primer mundo, con una cocina que sumaba tantos platos europeos como asiáticos con una excelente preparación.

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Lujoso restaurante para la población local en Kashgar

Esto me hizo reflexionar acerca del progreso de China, no sólo en las grandes ciudades costeras y de las tonterías que uno escucha o lee acerca que China es un país en la costa y otro sumamente retrasado en el interior. Existen diferencias obviamente, pero el gobierno está procurando por todos los medios crear un desarrollo todo lo equilibrado posible. Con esta reflexión fue como terminó mi viaje a Kashgar, una ciudad a la que seguramente nunca volveré.

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