El Outback australiano. De Adelaide a Darwin

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La interminable carretera

La decisión de hacer este viaje a través del Outback australiano, la tenía desde hace muchos años y me provocaba fascinación atravesar este país que se puede decir que es casi un continente de norte a sur por el centro.

Poder ver el desierto australiano en primera persona y recorrerlo por el centro, desde el sur del país, en el Pacífico, hasta el norte en las costas del Océano Indico, conocer los ranchos de ganado y los pueblos originarios sonaba ante mi imaginación como uno de esos grandes viajes que he realizado, solo comparable con el Transiberiano, la navegación a lo largo del Amazonas o el recorrido terrestre de Nueva York a Buenos Aires.

El viaje terrestre lo planifiqué en bus, en dos grandes etapas, la primera desde Adelaide a Alice Spring en el centro geográfico del país y la segunda desde allí hasta Darwin.

La realidad no me defraudó

LLego a Sydney, donde estaré un sólo día, un domingo con un sol espléndido. Desde el hotel me dirijo directamente al puerto (The Rocks) donde hay un mundo de gente en todos lados, consecuencia no sólo del buen tiempo, sino también por un festival gastronómico callejero.

En el sector donde están las pequeñas casas antiguas del primer asentamiento, me llama la atención un monumento interesante en homenaje a los que poblaron Australia: cada una de las tres caras tiene uno de los grupos: colonos, convictos y soldados. Los convictos están presentes, pero de los pueblos originarios ni se habla. Luego subo el famoso puente  de Sidney por el sendero peatonal. Ya hice la excursión trepando por las estructuras superiores en Brisbane, por lo cual esta vez quise hacer algo mas sencillo y sólo lo caminé para apreciar la belleza de la Bahía de Sidney, el puerto y la Opera desde lo alto.

Buscando un poco de sosiego me dirijo a la Opera, aquí si veo el monumento de respeto a la tierra de los indígenas. Sigo hacia los Jardines botánicos, visito la enorme Catedral de Santa María y luego Chinatown y el parque de la Paz Celestial.

Al día siguiente tengo un vuelo a Adelaide, ciudad pequeña muy ordenada, bonita y limpia. Visito la ciudad, aprovechando el tranvía gratuito en el radio céntrico, llueve bastante. Recorro el mercado central, la Universidad, el famosos estadio The Oval, el río, los Parlamentos nuevo y viejo, la estación de ferrocarril donde funciona un casino y la bandera indígena en la plaza Victoria. Luego ya cansado de recorrer la ciudad tomé el tranvía (ahora si de pago) para llegar hasta la playa, donde me encontré con un pueblo hermoso, con un buen museo, casas victorianas y otras residencias modernas y un buen restaurante para tomar un rico té con tortas.

 

Adelaide

Luego de unas breves recorridas por Sydney y Adelaide que son dos ciudades muy recomendables, desde esta última emprendí este viaje memorable en un bus de Greyhound, cuyo pasaje había sacado con suficiente anticipación por internet. La unidad que se veía muy nueva es de un solo piso, con 48 asientos en 4 filas, estilo semicama. Partió de la moderna pero muy sencilla terminal de Adelaide  a las 18 horas en punto, conducido por un único chofer.

Solo un puñado de pasajeros viajamos, cada uno con una impronta diferente: un hombre mayor posiblemente con depresión que estuvo con la capucha de la campera puesta todo el viaje, dos asiáticas relativamente jóvenes y vivaces, una señora mayor que luego me enteré que era italiana de Piacenza, una chica con aspecto de indígena  y un muchacho con pinta de vaquero australiano, botas en punta, jeans, grueso cinturón con grandes hebillas de metal, sombrero tradicional y el sobretodo de cuero hasta los tobillos propio de esa actividad. Casi todos durmieron todo el tiempo.

El bus llevaba un sólido acoplado para transporte de carga, mientras que las maletas y pequeñas encomiendas las llevaba el bus. En distintos lugares el chofer se bajaba y depositaba encomiendas en los “mails box” ubicados en sitios desolados, a las cuales seguramente los destinatarios concurrirían al día siguiente a retirarlas. Lo primero que yo pensé era en la honestidad de la gente, en la Argentina sería impensable que quedaran las encomiendas en cajas al costado de la ruta y sin llave . Era inevitable reflexionar que Australia se pobló con convictos que vinieron a cambio de su libertad, mientras que la inmigración argentina, la de nuestros mayores, se caracterizaba por la célebre frase “pobres pero honrados” Ahora todo se ha invertido.

La ruta no es autopista, es bastante estrecha y solo hay sectores donde es posible adelantarse. La primera parada fue en Port Augusta a mas de un centenar de kilómetros de Adelaide, pero aun sobre el Pacífico, es el punto donde dicen que confluye el outback con el océano.

En algún momento el bus paró 45 minutos para cenar y lo mas interesante fueron los personajes, seguramente camioneros, que estaba cenando, algunos de ellos comiendo un enorme, o mejor dicho gigante bife ancho con papas fritas (25 dolares australianos). Todos ellos eran obesos con peinados extraños y barbas de distinto tipo; algunos de ellos usaban ropa color fluor, tal vez exigencia de las empresas para las que trabajaban.

Yo no cené porque sin saber como era el servicio había optado comprar en un supermercado antes de salir un queso camembert, lomo de cerdo ahumado, dos patés y jugo de naranja con vodka, además de algunas galletitas.

Como decía, la ruta es de dos manos con prohibición de adelantarse salvo en lugares donde hay una tercera mano para ello. Los camiones son trenes de 3 semirremolques, denominados “Road Train” que tienen 53 metros de largo y que circulan a bastante velocidad, cercana a 100 km por hora, que es la misma velocidad a la cual conduce nuestro chofer, un señor muy amable, que da mucha explicaciones pero con un ingles cerrado que se entiende bien poco.

El chofer viaja solo y maneja 840 km hasta la localidad de Coobey Pedy, donde cambia de conductor, que a su vez hace los 684 km restantes hasta Alice Springs.

Durante la noche el bus se detuvo brevemente en distintas estaciones de servicio y a la madrugada aún de noche paró en la mítica población de Coobey Pedy, histórico centro minero y que ahora se dedica al turismo. Es un lugar interesante porque hay construcciones bajo tierra por el calor, pero a pesar de que se detuvo 45 minutos, no vi nada mas que algunos hoteles de carretera una estación de servicio y la modesta estación, si así se puede llamar  a la terminal de ómnibus.

En Coobey Pedy descendieron todos los pasajeros y sólo yo continué el viaje a Alice Spings con dos nuevas personas que subieron, pero se acostaron adormir envueltas en frazadas, así que no tuve el mas mínimo contacto. El desierto en esta parte, promediando el viaje no es tan árido como me imaginaba, hay bastantes arbustos, algunos pequeños árboles pero el suelo desnudo, de color rojizo y el poco desarrollo de las gramíneas denota la precariedad del sistema productivo.

A pesar de carteles que señalan la presencia de ganado y el riesgo implícito, ya que no hay alambrados, no se ve ni una sola vaca. Lo único que se cruzó en el camino a unos 200 metros adelante del bus fue un canguro bastante grande. El bus tiene unas luces impresionantes que iluminan el camino como si fuera de día y también una defensa importante porque son frecuentes los choques contra canguros que por ser un animal de bastante tamaño produce grandes daños al vehículo y el chofer me cuenta que pude haber choques contra camellos o vacunos. Las águilas que comen canguros muertos sobre la ruta, también son un problema para circular de noche.

La franja asfáltica, bien señalizada, también es de color rojo como el suelo de lugar y no está perfecta, tiene desniveles que hacen que el bus se mueva bastante y también algún que otro pozo.

Varios autos destrozados, de gente que seguramente se quedó dormida, me hacen tener en cuenta este tema para la larga etapa de mañana cuando alquile el auto en Alice Springs

Desayunamos en un pueblo que se llama Marla a 452 km de nuestro destino, en una estación de servicio con un bar bastante precario y con comida grasosa que los camioneros comían con fruición.

Si bien el bus cuenta con wifi, en las últimas horas no tuvimos conexión, seguramente como consecuencia de lo desolado de la zona no se capta señal.

Luego llegamos a Alice Springs que es una pequeña ciudad, donde todo está muy bien. Es interesante visitar el Memorial ubicado en una colina que muestra en todas las guerras donde lucharon los australianos al lado de los ingleses.

Por la tarde retiré el auto de la agencia y al día siguiente salí a las 5 am, muy temprano porque tenía trayectos largos para recorre. Manejé con mucho cuidado por los canguros que se cruzan en en la ruta, dado que son de hábitos nocturnos, pero no tuve ningún inconveniente.

La primera etapa fue al Kings Canyon Rim, donde hice un hermoso el trekking de 6 km en 2 horas 45 minutos

Kings Canyon Rim

Luego seguí viaje hasta Curtins Springs donde dormí en un hotel construido con contenedores, que estaba bastante bien, dentro de su precariedad. Como se trata de territorios absolutamente deshabitados por la noche cené en una especie de quincho del hotel, un excelente T Bone, muy tierno para el tamaño y con abundantes papas fritas. Aquí parece que nadie se cuida del peso.

Curtins Springs y el hotel de contenedores

Ese día hice 700 km con el auto. El hotel que pertenece a un rancho (estancia para nosotros) y tiene una muy buena explicación del origen de la hacienda que llega a tener unas 4.000 cabezas, a pesar de las dificultades de la producción por la sequías, los incendios, etc. La familia está afincada desde el año 1956 en que empezó a gestionarlo, hasta esa época era un lugar perdido y abandonado a la buena de Dios, sin ningún tipo de producción y fuera de la frontera ganadera. Hoy recibe centenares de turistas por día y hay que decir que si bien es muy caro para los servicios que brinda, se gestiona eficientemente. La comida es muy buena, tiene despacho de gasolina y las habitaciones aunque muy sencillas está muy limpias.

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Los atardeceres del desierto australiano son de una belleza singular

Al día siguiente nuevamente me levanté a las 5 de la mañana para llegar con la primera luz al Parque Nacional Ulluru, pero primero fui a las montañas denominadas Katja, hice una pequeña caminata a la salida del sol. Son unas montañas o mejor dicho cerros de no mucha altura, color rojo y con forma de cúpulas. Son montañas sagradas para las comunidades locales.

Kajta

De Kajta fui a Ulluru, sede del parque nacional, donde hay un centro de información indígena (centro cultural) muy importante. El tema de la religión o las creencias locales se lo toman muy en serio, por ejemplo no se puede fotografiar nada en el centro, ni se puede trepara las montañas.  Hay documentales  y una extensa explicación de la cosmovisión de los indígenas locales.

Ulluro es una gran roca que emerge en la planicie, igual que la que el día anterior fotografié, denominada Connors, cerca de Curtins Spring.

Ulluru

Las tradiciones locales se transmiten de generación en generación, de hombres a hombres y de mujres a mujeres, existen leyendas o tradiciones propias de cada sexo. Hay temas de su cultura que están vedados a los turistas o a los que no pertenecen a la raza.

Luego tome una excursión guiada en el sendero Mala, pero las explicaciones se hacían densas, poco entendibles y muy lentas, así que me fui,  privilegiando conocer mas, en lugar de escuchar explicaciones que poco comprendía.

También estas son montañas sagradas y hay un sector denominado Mala Puta (sin la connotación que nosotros le podríamos dar obviamente) que lo consideran un sector “sensible” por lo cual no puede ser ni siquiera fotografiado.

Por último dí una vuelta con el auto alrededor de toda esta montaña, lo que no lleva mas de 15 minutos y a las 11 como había previsto salí hacia Alice Springs que está a un poco menos de 500 km, para poder llegar a las 16 para devolver el auto como me habían solicitado.

De nuevo cansado por haber manejado mas de 600 km llegué a Alice Spring para devolver el auto, comprar algunas cosas para el viaje, caminé unas pocas cuadras por la ciudad y me fui al Mercure, el hotel donde había estado alojado cuando llegué, para descansar cargar el celular y tomar una cerveza hasta la tardecita en que tenía que tomar el bus.

En este viaje de Alice Springs a Darwin viajaba muchas mas gente, unas 20 personas, la mayoría indígenas con toda la familia y con multitud de bártulos. También viajó una chica muy discapacitada que subió al bus arrastrándose (reptando) hasta que el chofer a pesar del tamaño y su gordura, la levanto y la puso sobre el asiento. Había un gordo inmenso que vivía en Darwin y dos asiáticas jóvenes, una de Malasia y otra de Taiwan. La de Malasia es ingeniera química y estudió en Penang donde yo estuve el año pasado en una escala del crucero que hicimos desde Singapur hasta Hong Kong, pero dice que en Malasia no consigue trabajo porque es de origen chino y toman preferentemente a los malayos de origen malayo, por eso vive en Singapur, pero tampoco consigue trabajo de ingeniera y me parece que debe hacer algunos trabajos menores, tal vez servicio domestico o empleada en algún comercio. La vida para los emigrantes es difícil en todas partes!!!

En estas horas me enteré del atentado en las Ramblas de Barcelona y desde el bus le mande mensajes a mis amigos que están por allá como Gustavo, y Nestor que tiene a su hijo Ramiro, pero todos me dijeron que estaban bien.

Cuando paramos para el cambio de conductor y para desayunar en una localidad que se llama Dumnara el bus no arrancó más. Ni los choferes ni unos comedidos daban pie con bola, estuvimos dos horas y media parados, cambiaron los terminales de la batería, trataron de darle arranque con cables desde un tractor, hasta que un granjero del lugar atacó el bendix y como era previsible el motor arrancó. En Argentina lo hubieran solucionado en 10 minutos. Aproveché mientras estaba demorada la salida para caminar y ver el paisaje de cerca. Un cartel relataba una triste historia ocurrida en 1993 de un chico, hijo de los dueños del lugar que se perdió en el bosque (bush) y a pesar de que lo buscaron inicialmente 1.200 personas, nunca apareció. Hay una placa y una foto que relata la historia.

Dado que se trata de una de las pocas estaciones de servicio, estaba muy concurrida por los camioneros, así que me pude acercar a los “Road Train” camiones con 53 metros de largo que circulan a 100 km/hora, impulsados por equipos Kenworth, Mack o Volvo y están compuestos de tres semirremolques, un poco mas grandes que los nuestros. En el caso de los camiones de combustibles son 4 unidades que llevan, según conté, 152.000 litros. No están permitidos en toda Australia, pero si en unos cuantos estados. Había un camión de hacienda de 3 jaulas de 2 pisos que llevaba mas de 250 vacas, bastante holgadas, no como en nuestras jaulas que casi no se pueden mover. Estos camiones me dijeron que pueden llevar mas de 300 terneros. La hacienda era cebú pura.

Mientras esperábamos que pusieran en marcha nuestro bus, por chat con mis amigos nos preguntábamos que diría Moyano de estos camiones.

Al fin pudimos arrancar y a medida que seguimos avanzando los árboles de eucaliptus y acacias se hicieron un poco mas grandes, pero siempre con una forma muy mala. Posiblemente no se utilicen comercialmente porque en alguna parte he visto un desmonte con topadora para hacer praderas, sin aprovechar la madera. También vi algunas cabezas de ganado, siempre cebú.

El paisaje en esta parte, al norte de Alice  Springs cambia, es un bosque abierto, muy parecido a los del Chaco santiagueño, con pastizales abundantes, algunos arbustos pequeños y árboles de 5 o 6 metros de altura. El suelo, a diferencia de lo que vi en el sur está totalmente cubierto de vegetación abundante, pero seca en esta época.

También con mayor frecuencia se veían los campos quemados, pero los arboles son resistentes y a pesar de que los pastos y los arbustos estaban quemados, los arboles mantenían las hojas verdes.

Otro tema interesante para describir son los hormigueros, tipo tacuruces o termiteras, que al principio eran pequeños, muy punteagudos con una forma que me hace acordar al cerro Fitz Roy, pero luego a la altura de Kathrein (donde paramos más de media hora), ya eran más grandes, de tierra amarilla, bastante parecidos a los de África. En general el paisaje hace acordar bastante al de ciertas regiones de Africa, tanto por los pastizales como por el bosque ralo y bastante seco. Indudablemente en esta zona no se puede hablar de desierto. A medida que vamos mas al norte, desaparecen los eucaliptus y predominan casi exclusivamente  acacias, de mayor altura que las que están más al sur.

En Kathrine subieron unos cuantos pasajeros al bus en su mayoría turistas, algunos bastante alejados del agua y jabón y aún más del desodorante. A las 17 pasamos por un lugar muy prolijo llamado Adelaide River, donde nos detuvimos 5 minutos.

Ya me siento un poco cansado del viaje, pero como dormí bastante durante la noche, en realidad dormí toda la noche, no tengo sueño y ya estoy haciendo planes cuando llegue al hotel darme una ducha e ir a cenar pescado al puerto de Darwin.

Aprovechando una guía que conseguí en Kathrine, preparé la recorrida de la mañana siguiente por Darwin, que tengo que hacerla en 3 horas, de 7 a 10 ya reserve el shuttle para el aeropuerto, porque tendré que estar a las 11 para tomar el vuelo a Melbourn a la 1 pm, todo cuidadosamente organizado.

Gracias a que ocasionalmente estoy conectado a internet en el bus, me sirve para seguir los wapp, claro que con la diferencia horaria de 13 horas, muchas veces cuando estoy despierto, no hay nadie escribiendo y viceversa.

El bus llega con bastante retraso a Darwin, como consecuencia del problema con el arranque, por lo cual pensé que no podré hacer mucho, pero me encuentro con una ciudad hermosa, vibrante con una gran vida nocturna, llena de turistas tanto familias como jóvenes bulliciosos, hermosos restaurantes, cervecerías y discotecas. En lugar de ir al puerto que me quedaba bastante alejado descubro que hay buenos restaurantes de pescado en el centro, a una distancia para llegar caminando desde el hotel, que está al lado de la calle principal, que la camino más de una vez en ambas direcciones, entusiasmado por el movimiento. Es un complemento ideal de lo vivido en la última semana, luego de haber estado varios días en el desierto, manejando muchos kilómetros con el tiempo justo y arriba del bus muchas horas.

Me sorprende la cantidad de homeless que hay en la calle principal. Mientras que en las otras ciudades australianas, eran casi todos blancos, con aspectos de drogadictos, aquí son casi todos indígenas consumidos por el alcohol. Una pena!!!!

Darwin

A la mañana siguiente puntualmente a las 7 salgo a recorrer a pie la pequeña ciudad comenzando por el parque que bordea el Océano Índico, escenario de batallas durante la Segunda Guerra Mundial, incluso veo algunos túneles para la protección de mercaderías y combustibles. Me sorprenden gratamente tanto los edificios modernos como los antiguos impecablemente restaurados. Poco antes de las 10 regreso al hotel para tomar el transfer al aeropuerto, que estaba atestado de turistas australianos que regresaban a sus respectivas ciudades.

En el largo vuelo de regreso hacia Melbourne mientas escribía estas líneas, pensaba lo interesante que había sido recorrer el Outback que muchas veces se lo señala como uno de los peores desiertos del mundo, pero habiéndolo atravesado a lo largo de 3.600 km, puedo afirmar que no es así, es un territorio árido, e incluso en algunos sectores semiárido, que no tiene comparación con otros terribles desiertos que he visitado como el Taklamakan, el Karakorum, el de Gobi, el Kalahari, el Jaislemer, el Valle de la Muerte e incluso los de Chile, Perú y Argentina.

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