La Ruta de la Seda, 2015

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La Ruta de la Seda es posiblemente “el viaje”. Quienes hayan leído Los Viajes de Marco Polo, también denominado El libro de las Maravillas, o visto alguna de las películas o series que lo tuvieron como protagonista, no pueden haber permanecido indiferentes acerca de esta ruta que no sólo ha sido una de las rutas comerciales más importantes del globo terráqueo, sino que ha sido el lugar de encuentro e intercambio de civilizaciones, religiones, conquistadores y pueblos conquistados.

Como es imposible abarcar en un solo relato lo que se llega a vivir en esta Ruta, escribiré distintos capítulos vinculados con este recorrido por Asia Central, cada uno fue motivo de experiencias diferentes y de una enorme riqueza en todo sentido.

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En primer lugar hay que subrayar que no hay una Ruta  de la Seda, sino numerosas, porque a lo largo de los más de mil años de historia en la que estuvo vigente, ha sido una frágil red de caminos que atravesaban las montañas más altas y los desiertos más inhóspitos del globo terráqueo, cambiando de itinerario a lo largo de los años, según la existencia de guerras, bandidos, peligros naturales o de otra naturaleza. Incluso los avances tecnológicos la hicieron desaparecer o conformar a lo largo de otros itinerarios, abandonando los clásicos.

Bellezas arquitectónicas a lo largo de la Ruta

Sin embargo, se acepta que la Ruta comenzó en el siglo I AC y se iniciaba en Xian, China y llegaba a Europa en Venecia, aunque esto no deja de ser una simplificación. El comercio le dio vida a muchas ciudades y pueblos, aumentando su prosperidad o declinando cuando la Ruta dejaba de pasar por ellos . La decadencia de la Ruta de la Seda se produce en el siglo XV cuando las rutas marítimas y distintas circunstancias históricas y políticas hicieron languidecer su importancia.

Las caravanas que surcaban la Ruta, no lo hacían en un solo viaje, sino que estaban compuestas por comerciantes locales, que hacían determinados trayectos y luego vendían sus mercaderías, a otros mercaderes que seguían su camino hasta otro lugar en el que repetían la operación. Al regreso compraban otros productos que trasladaban en sentido inverso.  Los caravenserai, algunos bellamente restaurados en la actualidad, eran estos lugares de encuentro, comercio y descanso de los mercaderes.

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Caravanserai restaurado en Uzbekistan

Es por ello que a lo largo de la Ruta hay numerosas ciudades que tuvieron un momento, que a veces se extendió por siglos, como importantes nudos comerciales, generadores de riqueza para los comerciantes y también para los respectivos gobiernos, a través de los impuestos que cobraban a los mercaderes. Algunos de ellos fueron Kashagar (China), Samarkanda y Bukhara en Uzbekistan o Isfahan en Irán, sobre los que luego hablaremos.

No sólo era seda la que se comercializaba a lo largo de la Ruta, ni tampoco era un comercio unidireccional desde China hasta Occidente, sino que había muchos productos que venían desde oriente, por ejemplo, además de la seda, papel, porcelanas, incienso, gemas, te, perfumes, laqueados y bambú. En el otro sentido circulaba oro, plata, marfil, coral, lapizlazuli o frutos como duraznos, granadas y sésamo que se originaban en Samarkanda.

Las caravanas tampoco eran uniformes, las había desde las pequeñas con unos pocos integrantes y docenas de camellos, hasta las que tenían centenares de personas y camellos.

Si bien fue el tráfico comercial lo que le dio vida a la Ruta de la Seda, posiblemente ha sido mas importante para la humanidad el intercambio de información, de culturas y de religiones, que permitieron, como algunos la llaman la primera autopista de información que tuvo el mundo.

Mi contacto inicial con la Ruta fue en Venecia, pero también en viajes posteriores a Turquía, Irán y Azerbaiján,  tuve la oportunidad de recorrer ciudades que habían adquirido importancia durante algún período de su historia como nudo comercial de la Ruta, como es el caso de Isfahan en Irán, cuyo esplendor estaba dado por ser un punto crucial de la Ruta.

Luego de estas experiencias fragmentadas, decidí hacer el viaje “largo” por la Ruta, duró 45 días y abarcó Turkmenistán, Uzbekistán, Kazakastán (ligeramente fuera de la Ruta), Kirguistán y finalizó en Xian, habiendo hecho casi todos los trayectos por tierra, tomando muy pocos vuelos, salvo cuando las distancias o el poco interés de algunos trayectos, hacían innecesario hacerlo en vehículo. Debo reconocer que en ciertos lugares me apartaba de la Ruta, para conocer puntos de interés de estos países, que no estaban necesariamente relacionados con la misma.

Si bien ha habido muchísimas anécdotas y temas de interés relacionados con el viaje por la Ruta de la Seda,  subiré al blog los siguientes relatos, a medida que los vaya escribiendo, aunque tal vez con el tiempo incorpore otros capítulos:

  • El cráter de Darvaza en Turkmenistán
  • El mercado de ganado de Kashgar
  • Samarkanda y Tamerlan
  • Ashgabbat. La ciudad blanca de  Turkmenistan
  • El cruce de la frontera entre Turkmenistan y Uzbekistan
  • Bukhara
  • El Valle de Fergana
  • El Opio y la Ruta de la Seda
  • La Ruta de la Seda del siglo XXI
  • El cruce de frontera de Kirguistan a China
  • Isfahan es la mitad del mundo

 

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