Buenos Aires a Venecia. Un día y 5 medios de transporte

DSCN1817Esta es una historia corta, de algo simple pero particular. En un viaje de trabajo a Bologna, decidí pasar primero por Padova para saludar a mi primo Anibal. Cuando hacía los preparativos para el viaje, Anibal me dice que María Elena y Gilberto, un matrimonio muy amigo de él y conocido mío, nos esperaba a cenar en su casa de Venecia el día de mi llegada y que nos invitaron a dormir en su casa.

El programa era un poco complejo porque viajaba por British a Milano, via Londres y los tiempos eran muy ajustados. Sin embargo siguiendo mi concepto de no perder oportunidades, acepté gustoso la propuesta. El lugar de encuentro sería en la parada del vaporetto en Piazza San Marcos a las 20,50, de allí caminaríamos unos pocos metros hasta la casa de nuestros anfitriones.

Sabiendo la hora de llegada al aeropuerto de Malpensa y el horario de salida del tren de Milano Centrale a Venecia que me permitiría estar a las 21 en la casa de María Elena, decidí viajar, como hago muchas veces sólo con un carry-on, para no tener que perder tiempo en recoger el equipaje en Milano, lo que nunca es rápido.

La puntualidad de British en aquel momento jugó a mi favor y todo  funcionó muy bien, hasta que en el aeropuerto de Heathrow en Londres cuando voy a embarcar hacia Milano me pesan la pequeña maleta y me dicen que está excedida de peso, que solo se toleran 5 kilogramos y la mía pesaba 9. Mis explicaciones al empleado del aeropuerto diciendo que tenía el tiempo justo para una cena en Venecia, fueron absolutamente improcedentes, ya que allí los reglamentos se cumplen inexorablemente.

Imágenes Wikipedia

Esta fue una de las anécdotas más graciosas que me han pasado en los aeropuertos. Con el tiempo justo para embarcar y más justo aún para llegar a la cena, hice lo mismo que muchas veces, saqué un pesado abrigo y todo aquello que podía alivianar la maleta, principalmente los papeles y documentos para mi reunión de trabajo, algún libro los artículos de tocador, todo ello lo fui poniendo en bolsillos, o los tenía en la mano o escondidos en una campera que llevaba abajo del brazo, hasta que la balanza indicó el peso de reglamentario de 5 kilos. Claro que en las manos tenía un montón de cosas (4 kg para ser más precisos). Con una sonrisa cómplice el empleado cuando la balanza llegó al peso indicado, finalmente me dejó abordar al avión, al cual subí como si me hubieran echado de mi casa, con ropa, papeles y elementos personales en la mano, llegué al avión poco antes del cierre de la puerta y traté de volver a poner donde podía todo esto.

Al llegar a Malpensa, corrí para tomar el bus que lleva a Milano Centrale. Según el horario es un viaje de 50 minutos “circa”, palabra que en italiano significa que nunca se sabe cuánto tiempo tardará por el tráfico que azota esta ciudad.  En Milano Centrale salí corriendo a la boletería, donde nunca hay poca gente y de allí al andén, también justo a tiempo para tomar el tren a la hora programada.

Ahí  comenzó el relax, porque si bien en los trenes italianos los horarios generan una cierta incertidumbre, normalmente los trenes rápidos de la línea Milano – Venecia funcionan bastante mejor que otras líneas de la península. A partir de allí todo fue sencillo, bajarse en la estación de  Venezia, tomar el vaporetto, que es un servicio muy organizado y llegar puntualmente a Piazza San Marcos a las 20,50, adonde me esperaba Anibal. A las 21 estábamos tocando el timbre en la casa de María Elena y Gilberto.

Estos amigos son psicólogos, ella es argentina y él italiano, ambos destacados profesores universitarios y viajeros consumados, a los cuales les debo muchos consejos de viaje para encarar destinos exóticos y a veces no tan seguros como fue Yemen e Irán, países adonde fui por su recomendación. Como son gente encantadora, con mucha clase y estilo, disfrutamos la cena y para mi también fue muy atractivo haber pasado la noche en una casa de familia en el centro de Venecia, adonde por la noche sentía las campanadas de San Marco, como si estuviera durmiendo en la misma iglesia.

Ahora viene la referencia al título de esta nota. Para llegar a la cena tomé cinco medios de transporte diferentes: auto de casa a Ezeiza, aviones para Londres y Milano, bus de Malpensa a Milano Centrale, tren  a Venezia y por último el vaporetto a San Marcos. Todo con muy poco tiempo de conexión; pero a pesar del cansancio y del stress que supone viajar con horarios tan acotados, tuve la satisfacción de no perder esa oportunidad.

 

 

 

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