Con el Pai Balbino en un terreiro de Candomblé

Salvador de Bahía, 2010

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En su libro Homo Deus Yuval Harari me impresionó con la frase: “nuestros teléfonos inteligentes saben más de nuestra vida que nosotros mismos” que si bien parece sorprendente, no deja de ser absolutamente cierta.

Comienzo la nota con esa frase porque desde hace tiempo quería escribir sobre una experiencia muy interesante vivida en Salvador de Bahía con la visita a un Pai, pero la falta de anotaciones de aquel momento y un recuerdo borroso de fechas, nombres y lugares, me impedía hacerlo con un mínimo de precisión. En mi ayuda apareció Google con su servicio “Redescubre ese día” donde en mi celular aparecieron las fotos del 20 de junio de 2010 con la visita al terreiro del Pai.

Sabiendo de mi viaje a Bahía, un amigo me había sugerido visitar un lugar de culto de Candomblé. En el hotel no me pudieron ayudar para organizarlo y entonces recurrí a mi amigo Gustavo, cónsul argentino en Curitiba, para que preguntara en el consulado de Bahía si podrían ayudarme. Luego del contacto inicial, llamé a una funcionaria del consultado que me dio una dirección de Lauro de Freitas en Aganju, en la parte alta de Villa Praiana, una zona periférica de la ciudad. El nombre del Pai era Balbino Daniel Paula, y su sobrenombre Obárai.


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El Candomblé es una religión que proviene del África, traída por los esclavos que poblaron Brasil, prohibida durante largos períodos, pero que ahora la profesan unos 3 millones de brasileños. Toma elementos de otras corrientes religiosas como la Bantú africana y combina entre sus deidades santos católicos con otros de origen pagano o de otras religiones. Algunas palabras con significado desconocido antes para mí como Orixá, motivaban aún más mi interés en el tema.

Con el auto alquilado, sin GPS y con precarias indicaciones fui sorteando barrios muy marginales, preguntando dónde podía por el Pai Balbino, a veces con cierto temor por la seguridad, que no parecía ser la mejor. Sin embargo al mencionar el nombre del Pai, todos con respeto me indicaban como acercarme a su vivienda.  El barrio era precario me generaba incertidumbre sobre si lograría llegar allí.

En el lugar indicado recuerdo un paredón alto con un gran portón. Una vez que me anuncié, les dije el motivo de mi visita para conocer al Pai, me franquearon el acceso y me llevaron a una casa muy sencilla, donde un señor sentado en una mesa pelaba papas y cebollas que colocaba en una fuente con destino al horno, para la comida dominical. Él era el Pai, despojado de toda mística y dedicado a la misma tarea mundana que cualquiera de nosotros realiza habitualmente.

Luego de una breve presentación y la explicación sobre mi interés en visitar su terreiro (lugar de culto), me atendió amablemente me dio la bienvenida con algunas palabras de bendición y tuvimos una breve conversación, luego me invitó a visitar el predio, que era un terreno grande, con varias construcciones destinadas a distintos orixá o fines litúrgicos y que me imaginé que en días de celebración debía estar atestado de fieles.

Luego supe que  Balbino (citado como babalorixá do Ilê Axé Opô Aganjú) iniciado por la Mãe Senhora, había cumplido el año anterior 50 años de “sacerdocio” y si bien era originario de  Ilha de Itaparica donde inició sus actividades religiosas, luego se transfirió a Bahía y fundó en ese lugar en enero de 1972 el terreiro que yo visitaba. También leí que era muy respetado por la pureza de sus ritos y que había viajado varias veces a África para perfeccionarse en el conocimiento de la religión. Luego la “magia de internet” me permitió conocer mucho más sobre su trayectoria.

Pequeño templo para un par de divinidades y una estatua del predio

Un colaborador me llevó a recorrer la propiedad, donde se alternaban “casitas” destinadas al culto de distintas divinidades, pequeñas estatuas o representaciones y una boutique para vender elementos de culto completaban el terreiro.

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Entrada a uno de los templos principales

Luego de la visita a los lugares de culto, la compra de algún recuerdo en la boutique y a pesar de que no lo habían solicitado y que no había alcancías por ninguna parte, dejé un poco de dinero para el mantenimiento del terreiro.

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La boutique

Debo confesar que a pesar de la visita, las explicaciones y lo que he leído posteriormente en torno al Candomblé, es muy poco lo que sé sobre el tema, porque la abundancia de ritos, de deidades y leyendas incluidas en la religión son de una gran complejidad.

Regresé al hotel pensando que había sido una linda experiencia visitar ese terreiro por mi cuenta y no en las excursiones que se organizan en Bahía para los turistas, porque me permitió conocer la sencillez del Pai y de sus afables colaboradores y también satisfecho por haber tenido la iniciativa de ir allí, lograr encontrar el lugar y conocer al Pai.

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