El día que conocí Corea del Centro

Corea del Sur, 1998

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Diario de un viaje laboral que se volvió anécdota

Llego a Corea del Sur en un viaje de trabajo. Soy el único representante argentino invitado por el gobierno de Corea del Sur al “Technology and policy programm” y pasaré dos semanas con otros referentes del área trabajando además de los temas específicos, descubriendo rincones de este país. Junto conmigo aterrizan, desde Latinoamérica, un colega de Brasil y otro de Uruguay. El resto provienen de Asia: en el contingente están, entre otros, el ministro de Ciencia y Tecnología de Pakistán y funcionarios de alto nivel de India y Myanmar, entre otros. Nos preguntamos dónde quedaría Myanmar: en ese momento, todavía era más conocido internacionalmente como Birmania. Ingenuos, pensamos que debía ser un lugar insignificante, pequeñito: resultó tener 80 millones de habitantes y estar en un gran proceso para terminar con un gobierno dictatorial.

Será un viaje de contrastes, de descubrimientos y contradicciones.

El viaje está organizado con una primera semana con presentaciones que abarcan temas políticos, económicos, tecnológicos e industriales, de este país con crecimiento constante y sorprendentes avances de tecnología aplicada a la producción industrial.

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El seminario empieza a sumergirnos en el mundo coreano. La bienvenida es con una charla sobre historia del país: la visión remarca el odio hacia Japón tras la segunda Guerra Mundial por los años y las condiciones de la ocupación. Los nipones, según nos explican, nunca pidieron disculpas y eso generó respuestas extremas: estamos en 1998 y siguen prohibidos lo que ellos llaman “bienes culturales japoneses”. No se pueden vender diarios, revistas, mirar pinturas, vestir o hacer referencia a nada de origen japonés.

En la segunda semana, los anfitriones de Corea del Sur nos llevan a conocer sus proezas tecnológicas, productivas y comerciales a lo largo del país: el Pusan recorremos el astillero de Hiundai Heavy Industries, en ese tiempo el más grande del mundo y que construye barcos inmensos. También visitamos otros emprendimientos de alta tecnología. Uno de los proyectos que más me llama la atención es que estos tipos desarrollaron un tren hiper veloz de levitación magnética. Es un sistema que tiene propulsión, suspensión y guía a través de millones de imanes y puede alcanzar velocidades de poco más de 400 kilómetros por hora. El de los coreanos era experimental, pero en el aeropuerto de Pudong en Shaghai hay uno en funcionamiento. En una de las visitas a esta ciudad viajé hasta ese aeropuerto sólo para subirme al tren. Es una maravilla porque no se siente nada: va un poco más elevado de las vías y llega mucho más rápido.

Los días van marcando la diversidad del grupo. Armar un menú para todos puede ser una misión imposible: los hinduistas no comen carne vacuna, los pakistaníes no comen cerdo, muchos tampoco pueden tomar alcohol por su religión. Cada propuesta gastronómica es un gran esquema de coordinación: hay que enumerar ingredientes y desmenuzar para evitar cualquier tipo de sorpresa que vaya en contra de cada cultura.

El compañero hindú es un verdadero gentleman, al final de cada conferencia hace un pequeño discurso de felicitaciones a los profesores remarcando los aspectos más salientes de cada presentación. Quizás por eso me sorprendió que en un almuerzo, de repente, curioso por saber qué había en mi plato, agarró un bocado con la mano, me preguntó si era carne vacuna y afortunadamente pude recuperar  mi trozo de carne antes que lo deposite nuevamente en mi plato! y con la mano! Es tan formal para algunas cosas y tan desagradable para otras, en fin son las diferencias culturales.

En los tiempos libres, una guía que habla español nos acompaña a recorrer. Los tiempos de viaje son una excusa para seguir conociendo la cultura coreana. Dice la guía que hay cosas que en nuestros países son cotidianas y acá están muy mal vistas. Guiñar un ojo a una chica por la calle puede resultar una catástrofe, nos advierte que no lo hagamos. Un rato después nos deleita con su historia de amor: está saliendo con un hombre casado. Seguro que nunca le guiñó el ojo.

En Corea, la educación es siempre prioridad. Es un país que invierte en Ciencia y Tecnología un 5% de su PBI cuando lo aceptado es un 3%. Ese interés particular se refleja en los lugares de estudio: las librerías comerciales están repletas de chicos que leen, incluso los fines de semana, y las universidades empiezan a las 7 de la mañana y terminan su horario de cursada a la medianoche. Lo sabemos porque lo estamos viendo: fuimos a tomar algo a un bar ubicado frente a una universidad y los chicos cruzan la puerta de salida a las 12, ya oscuro alrededor. “No serán tan bueno estudiantes si necesitan tantas horas”, asegura el brasileño, pícaro, tras el encuentro con esta costumbre.

Para entrar a la educación superior existe un examen que se toma en todas las instituciones el mismo día y a la misma hora. Cómo será el énfasis que le ponen que ese día hay un carril exclusivo para los padres y madres que llevan a los futuros universitarios a rendir. Todo se privilegia para la educación.

También tuvimos la oportunidad de visitar numerosos templos y parques, donde pudimos comprobar la devoción de los asiáticos y su pasión por tener todo impecable.

Las vueltas nos llevan a un lugar histórico. Llegamos al que desde la época de la Guerra Fría es la zona desmilitarizada (DMZ), el límite geográfico entre Corea del Sur y Corea del Norte. Los vestigios quedaron: está firme el monumento al polémico General de Estados Unidos Douglas MacArthur. El brasileño se saca una foto: sonríe y apunta la mano a la cámara con todos los dedos bajos excepto el mayor, que apunta al cielo, desafiante.

En el Parque Imjingak, además de edificios con camuflaje, exposición de armas de la Guerra de Corea, vemos una vieja locomotora de vapor y el final de los rieles (foto de portada). Nos cuentan que es un símbolo: se pondrá en marcha el día que las dos Coreas vuelvan a unirse.  En el viaje de regreso el tren bordea el límite de ambas naciones y a lo lejos, detrás de profusos alambrados de púas se ven los arrozales del norte. Quizás, en algún momento de acá a algunas décadas, podamos leer la noticia en los diarios.

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Abril de 2018, veinte años después:

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43919881

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Imagen BBC

Después de años de tensiones por el comportamiento de Corea del Norte y de su líder político, y cuando muchos pensaban que era inminente una intervención militar, en abril de 2018 Kim Jong-un y Moon Jae-in de Corea del Sur logran un histórico acuerdo, lo que es reproducido por la prensa en general y por la nota del link de más arriba.

Luego el 12 de junio de 2018 Donald Trump y Kim Jong-un se reunieron finalmente en Singapur y en todos los titulares de los diarios del mundo se vislumbró la posibilidad que la paz y el acercamiento entre las dos Coreas era posible.

Debo reconocer que a pesar de la distancia que nos separa con estos países, el hecho de haber estado en la DMZ en el límite de ambos estados, me sentí muy cercano a este nueva situación del orden mundial

 

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