Los campos de concentración y de exterminio de Auschwitz y Birkenau

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El ingreso a Auschwitz

Dudamos mucho en nuestro viaje a Polonia de visitar los campos de concentración y de exterminio de Auschwitz y Birkenau, pero estando allí nos pareció que es una parte aún viva de la historia que no debería dejar de verse, a pesar de la crueldad del lugar.

El viaje lo compartimos con nuestros amigos madrileños Juan Carlos y  Pilar y el día en que hicimos la visita no podría ser mas lúgubre con un cielo gris y una llovizna persistente.

Por todos resultan conocidas las historias atroces allí ocurridas. Para los que nacimos poco después de la Segunda Guerra Mundial, también hemos visto la evolución de la historia a medida que se desarrollaban nuevos procesos como el secuestro y juzgamiento de Eichmann, la solitaria prisión de Rudolf Hess y más recientemente la deportación de Enrich Priebke desde Bariloche y también por el permanente recuerdo de la comunidad judía del holocaustro.

Allí se exterminaron no solo judios, que fueron el 90% de los asesinados, sino también gitanos, homosexuales, sacerdotes católicos y opositores en general al régimen, le cabe a la comunidad judía, principal víctima del holocaustro, el mérito de realizar permanentemente acciones concretas para crear una conciencia que tiende a evitar que estos actos se repitan en el futuro, pero como estas cosas son obras de locos y mesiánicos  nunca se sabe y lo hemos visto posteriormente en Camboya, en la guerra de los Balcanes y en otros lugares del planeta donde se llevaron a cabo programas de exterminio contra minorías étnica o religiosas.

Al atravesar en Auschwitz, el famoso cartel con el texto “el trabajo libera” ya se empieza a sentir un sensación que uno está en el lugar equivocado. Amplios caminos, pabellones de ladrillos rojos y techos de tejas, alambrados púas y torres de guardia con potentes reflectores. En la actualidad las instalaciones tienen una prolijidad y mantenimiento que seguramente no tendría en el momento en que lo habitaban allí miles de prisioneros y guardias.

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Los pabellones y las calles internas

En el exterior, el paredón del pelotón de fusilamiento aún con los impactos de las balas en las paredes y las cercas de alambre de púas y electrificadas son testigos mudos del horror.

Los testimonios dados por las fotografías y los textos explicativos en el interior de los pabellones sobre de la vida y la muerte de los prisioneros son sobrecogedores, al igual que las miles de pertenencias rigurosamente clasificadas y separadas: uniformes de prisioneros, carteras, documentos, dentaduras postizas, cepillos y muchas más.

 

La pared donde se fusilaba, las listas de presos y los camastros

También visitamos la celda donde estuvo alojado el padre Kolbe y donde pasó las penurias mas severas hasta que fue asesinado, es una historia estremecedora y menos conocida, de los curas católicos que también perdieron la vida allí.

Luego visitamos es campo de exterminio que es Birkenau, es un un enorme predio, atravesado por las vías por las cuales transitaron hace más de medio siglo aquellos trenes de la muerte. Con un fuerte contenido simbólico, alguien dejó un ramo de flores sobre la vía.

 

Los alambrados, las tristemente célebres vías y la cámara de gas

Birkenau era adonde se enviaba a los prisioneros a morir en la cámara de gas, hoy inexistente porque fue dinamitada por los alemanes antes de la rendición. En ese mes de febrero cuando lo visitamos, se lo veía como con un prado verde, con galpones, más propios para la cría de animales que para albergar seres humanos, con camastros rústicos de madera cubiertos de paja. El lugar tiene una imagen bucólica como la que podría tener cualquier campo de Inglaterra o Irlanda con esa lluvia persistente que todo lo moja y que a me abrigo Loden, le hizo ganar varios kilos con el agua que se incorporó a sus sufridos tejidos.

El regreso en el auto hacia Cracovia, distante sólo unos 40 kilómetros fue bastante silencioso, ninguno quería hacer comentarios sobre el lugar, su historia y nuestras impresiones personales. A pesar de la tristeza que produce su visita, estuve satisfecho de haber ido y de conocer de cerca lo ocurrido en una época peor.

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