Cuatro comidas, cuatro países, 1995.

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El recorrido de aquel día: Colonia (Alemania) – Venlo (Países Bajos) – Brujas (Bélgica) – Paris

Qué mérito tiene hacer un día las cuatro comidas en distintos países, en un circuito terrestre? Evidentemente ninguno, pero resulta un hecho curioso. Especialmente si se realiza de manera no planificada, pero se dio de una manera casual y sólo después de bastante tiempo de hacer el viaje, me di cuenta de este hecho único, al menos para mi.

Luego de la reunión del Club de Bologna, en el año 1995, viajé a Berlín, para conocer esta ciudad que estaba saliendo del período comunista. Esta experiencia será objeto de otro capítulo, pero volvamos al tema que nos incumbe.

De regreso de Berlín, hice escala en Koln (Colonia) una ciudad que no se puede dejar de visitar si uno está cerca, independientemente cuántas veces haya estado antes. Un secreto de Koln: varias veces, viajando en un tren Intercity, me detuve en la estación, sólo para comer unos reibekuchen con puré de manzana que venden en un puesto callejero (hoy lo llamaríamos food truck), en la explanada de la estación.

Koln y su majestuosa catedral donde está el relicario con los restos de los Reyes Magos

En esta oportunidad me costó mucho trabajo conseguir alojamiento, en una época en la que no existía Booking.com, así que no había más remedio que recorrer hoteles hasta que en uno de ellos coincidieran las variables de precio, calidad y disponibilidad. A pesar de ello logré encontrar un bonito hotel en las afueras de la ciudad, cerca del aeropuerto, donde me brindaron un desayuno muy alemán, lo que es sinónimo de muy variado, abundante y con platos más propios de un almuerzo o cena en nuestras latitudes.

Al día siguiente luego del desayuno fui a visitar por enésima vez la majestuosa catedral, caminar por la orilla del Rhin y ver el tráfico de barcazas desde uno de los puentes y de probar, como siempre hago cuando estoy en Koln los raibecuchen con pure de manzanas que comentaba antes.

Luego salí hacia Brujas, pasando inevitablemente por Holanda, donde almorcé, en un restaurante de carretera en Venlo, una pequeña localidad holandesa a orillas del río Mosa, en el límite con Alemania, pero que tiene una larga tradición comercial desde la Edad Media y que fue parte de la Liga Hanseática.

Venlo en los Países Bajos

Luego continúe viaje y a la hora del té estaba en una de las ciudades más bonitas de Europa: Brugge o Brujas como nosotros la denominamos, ciudad de larga historia, capital del Flandes Occidental fundada en el 1050, donde tomé el té en un bar que tenía una terraza sobre una plazas antigua y bien cuidada de su casco histórico, que invitan a quedarse indefinidamente.

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Brujas

Sin embargo el viaje de acuerdo a la planificación debía continuar hasta París, adonde  termine el cansador día, cenando en el único restaurant abierto a esa hora, el Hard Rock Café en el Boulevard Montmartre,  cercano al hotel.

En definitiva, no fue nada más que un día extenuante de viaje, que según el Google Maps son más de 600 km, pero la circunstancia fortuita de que atravesé cuatro países y que los horarios coincidieron con sendas comidas, hizo que tuviera una anécdota más para contar.

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